IV EDICIÓN DEL BCN FILM FESTIVAL '020
No faltó a su cita anual, desde hace cuatro años, este Festival de Cine Internacional de Barcelona, con visos de perpetuarse en el atribulado mundo de los certámenes cinematográficos que envuelven la geografía nacional, con especial énfasis en el cine extraído de la literatura. Esta fue una apuesta basada en la incertidumbre de cuándo y cómo tendría lugar la presente edición. En un primer momento, antes de la irrefutable pandemia, su ubicación restaba en período primaveral, inmediatamente después de la adecuada fecha del 23 de abril, día de Sant Jordi y del libro, por extensión. Sin embargo, las malas (pésimas) noticias hicieron reaccionar a la organización de que posponer el Festival dos meses después –calculando fases de escalada y desescalada, así
En estreno
 
ESPECIAL FRITZ LANG (PARTE II, 1944-1960)
Para la segunda y última entrega del dossier dedicado a Fritz Lang (1890-1976) publicamos un total de quince análisis de otros tantos largometrajes dirigidos por el cineasta de origen vienés comprendidos entre 1944 (La mujer del cuadro) y 1960 (Los crímenes del doctor Mabuse). Se trata, pues, del análisis del grueso de sus películas filmadas durante su etapa americana para cerrar el círculo con el díptico indio --El tigre de Esnapur (1958) y La tumba india (1960), y su última entrega a uno de los personajes más celebrados y reconocibles de su filmografía, el doctor Mabuse. Además de ello a finales del mes de noviembre publicaremos
ADIÓS A SIR SEAN CONNERY
Retirado de la escena cinematográfica desde hacía prácticamente un decenio, Sir Sean Connery (1930-2020) falleció el pasado 31 de octubre en Nasau, en Las Islas Bahamas donde pasaba largas temporadas. Cumplidos los noventa años en junio de este año, Connery se había
LIII FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE FANTÁSTICO DE SITGES'020
En el contexto social en el que vivimos celebrar un festival con lo que ello significa debería resultar, cuanto menos, una temeridad. Sin embargo, el Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Sitges se celebró sin aparentes problemas, más allá de las restricciones de horario y limitaciones de aforo. Las consideraciones al respecto son varias y precisas, que convendría matizar en su justo punto, antes de pasar a analizar lo que fue y ha sido un acontecimiento de
ROMA (2018)
Colonia “La Roma”, Ciudad de Méjico, año 1971. Cleo es una ama de llaves que trabaja en la casa de una familia de clase media en Ciudad de Méjico, compuesta por el matrimonio, los cuatro hijos, la abuela y el perro. El día a día va uniendo a la familia con Cleo, cuando el padre de familia se va, Aparentemente a Canadá a un congreso médico, y cuando Cleo queda embarazada
JOKER (2019)
Tras la sorpresa causada por la obtención del León de Oro del Festival de Venecia de este año, 2019, la película de Todd Phillips ha llegado a las pantallas para que el espectador pueda por fin comprobar cómo un film adscrito, en principio, a un género tan codificado como el de los superhéroes (cabe recordar que el Joker es popularmente conocido como el máximo rival y supervillano de
STAR WARS: LOS ARCHIVOS (EPISODIOS IV - VI: 1977-1983)
En 1971 George Lucas recibió veinte mil dólares por dos años de trabajo en la cinta distópica THX1179 que escribió y dirigido. Siete años más tarde, el cineasta californiano se convirtió en uno de los Golden boy
LIII FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE FANTÁSTICO DE SITGES'020


BAJO EL SIGNO

DE LA PANDEMIA

 

 

 Crónica de Àlex Aguilera y Màrius Ripoll


En el contexto social en el que vivimos celebrar un festival con lo que ello  significa debería resultar, cuanto menos, una temeridad. Sin embargo, el Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Sitges, bajo la dirección de Ángel Sala --cumpliendo su 20 aniversario al frente del certamen catalán-- se celebró sin aparentes problemas entre el 8 y el 18 de octubre, más allá de las restricciones de horario y limitaciones de aforo. Las consideraciones al respecto son varias y precisas, que convendría matizar en su justo punto, antes de pasar a analizar lo que fue y ha sido un acontecimiento de especial relevancia en la cultura de nuestro país. En primer lugar, nos constan las dudas existentes desde un primer momento —a primeros de marzo— de la posibilidad de suspenderse la edición de este año del certamen por cuanto Cannes, del cual se nutre en su mercado el Festival, ya había adelantado que cancelaría su carácter presencial, dejándolo en un simple Festival Online, o lo que es lo mismo en agua de borrajas. Cabe recordar que en esas fechas no había siquiera Estado de Alarma en España ni en Francia. Ante tal disyuntiva, Sitges tenía la ventaja de que las fechas no eran tan cercanas en el tiempo. Pues bien, la valentía de algunos y la insistencia de otros han demostrado que la organización del evento era posible, con las medidas de seguridad reglamentarias. No vamos a incidir en cuáles son, pero es lícito resaltar que su cumplimiento generalizado ha sido una de las claves para su puesta en escena y posterior desarrollo. Haciendo estas salvedades, damos paso a lo que fue una edición más, a nivel cualitativo, no a nivel social, de una edición marcada por el invisible y contagioso virus. Existían dos posibilidades a la hora de acceder a las acreditaciones para prensa e industria al certamen: Una, totalmente presencial, apta para medios (profesionales o amateurs), conscientes de un peligro controlable; y, la segunda, una inscripción para prensa y profesionales del sector, únicamente telemática. Quizá una solución mixta hubiese sido lo más justo. 
    Ante esta solución salomónica, hay que hacer una consideración al respecto. La ubicación de la prensa acreditada físicamente se vio relegada en sus primeros días a zonas alejadas del público de platea, situándolos al conocido popularmente como ‘gallinero’ (general) en los emblemáticos Retiro y Prado, ambos cines centenarios; y a los laterales —pérdida de perspectiva— del majestuoso Gran Sitges. Eso sí, ante las quejas de algunos medios, y en sesiones con una escasa venta de entradas, se nos dejó acceder a sitios con mejor visibilidad. En este punto, tanto el número de espectadores que venía visitando el certamen con una fidelidad garantizada como la ingente cantidad de medios e industria acreditados bajó considerablemente, en parte por la reducción de aforos y la incertidumbre del momento. Con todas las dificultades sobrevenidas, lo ejemplar del funcionamiento de cada uno de los miembros de las secciones del Festival resultó encomiable para seguir hasta el final una edición que cumplía cincuenta y tres años, bajo el signo de una «maldición» de dimensión planetaria. Mención especial para los voluntarios —legado de los JJ.OO. de Barcelona’92—, abnegados y disciplinados como pocos, y de un público que en su inmensa mayoría respeto los códigos preestablecidos por los Comités de Expertos (¿) y las Autoridades pertinentes.
    Pasamos, pues, a comentar y analizar lo que fue una edición atípica, aunque a efectos críticos, menos de lo esperado. Con el protagonismo de las mujeres tanto a nivel direccional como artístico.
 
SECCIÓN OFICIAL COMPETITIVA 
Esta era una buena oportunidad para reducir el número de títulos a concurso. No obstante, no bajaron de treinta y dos —uno de ellos, Save Yourselves!, se descartó de esta sección con buen criterio ya que se estrenó antes en una plataforma televisiva—, alguno de ellos de difícil explicación en cuanto a su capacidad competitiva, como la soporífera y pretenciosa She Dies Tomorrow, que cerraría el último día de certamen de un servidor. El Jurado Joven, no opinó lo mismo y le concedió un Premio sustanciado por una supuesta originalidad consecuencia de una epifanía en la que una joven deprimida cree que está viviendo el último día de su vida. Con solo decir que el Réquiem de Mozart suena en bucle en diversos momentos del film denotan esa falta de recursos que delata el querer por el no poder, Transmite en el espectador un estado de desapego más que de desasosiego. Una modernidad entendida, pues, de manera distinta, que nos causó por nuestro lado, más sopor que interés, pese a la buena premisa inicial.
Cabe resaltar la capacidad del comité de selección de hallar tal número de filmes en un año tan extraño de producción. La mayoría de ellos se circunscriben al 2020 con lo que es toda una consideración plausible pensar en un milagro que llegaran en perfecto estado y buen puerto —el del Aiguadolç de Sitges, enclavado junto al Gran Sitges—, y con un montaje, por norma general, excelente.
    Los días transcurrían a la velocidad que las sesiones lo hacían por temas de desinfección de salas, más espaciadas en el tiempo, y títulos como la repetitiva Archenemy, de Adam E. Mortimer (Daniel isn’t Real), dejaban indiferente al personal. Al socaire de lo que se sucedía, un estreno catalán, La vampira de Barcelona, una esperada cinta inspirada en un caso real —el de Enriqueta Martí— de principios del siglo pasado, nos devolvió ese estado de ánimo ya lastrado de por sí por la pandemia. Una puesta en escena y una factura impecable, con fotografía de Josep Mª Civit, en blanco y negro, nos congratuló por esa fineza y estilo marcado por El hombre elefante (1980), cinta que cerró el certamen, con buen criterio, en homenaje a un David Lynch, que no pudo asistir por motivos óbvios.
    La otra gran sorpresa que uno pudo contemplar junto a su director, el denostado Juanma Bajo Ulloa, fue Baby. Sin diálogos y con una música ejemplar a cargo de Binguen Mendizábal y Koldo Uriarte (a la postre ganadores en esta faceta), el film sale muy bien parado, a sabiendas de que el género terrorífico no ha sido nunca plato de buen gusto del director alavés. Excelente su concepción del tempo narrativo y de los planos –nada gratuitos- de una niña que se adentra en territorios prohibidos. Un Hansel y Gretel, a la española, con un regusto por los clásicos.
Igual de amena resultó la cinta británica The Owners, donde una pareja de ancianos deja que unos ladrones conocidos de la familia entre en sus aposentos y roben cuanto deseen. A cambio, la no salida a su vida mundana. En esa misma línea, de entretener al personal y a la vez dar unas cuantas lecciones de geografía marina, estuvo Contagio en alta mar. Una epopeya financiada entre varios países, que vendría a ser un barco pesquero en busca de una solución ingeniosa ante el ataque indiscriminado de una especie de calamar que se replica. Ecos de Alien, el octavo pasajero (1979) y Profundidad seis (1989). Tras un break para comer, pudimos acceder —no sin problemas de ubicación— a la sobrevalorada Possessor Uncut (galardonada a la Mejor Película y al Mejor Director), de Brandon Cronenberg. Todo un caso de estudio, el de los Cronenberg. No sé si fue el prejuicio de que me enfrentaría nuevamente a la insatisfactoria Antiviral o al listón creado por su padre, David Cronenberg, en este tipo de filmes dedicados a la «Nueva carne» y la New Tecnology. Con todo, contiene una trama aunque improbable convincente en estos tiempos. Acto seguido, nos dirigimos a vislumbrar en todo su esplendor, The Silencing —ya en plataformas de pago—, un robusto thriller a priori con Nikolah Coster-Waldau (trasunto de Viggo Mortensen) como sheriff aUn fotograma de la cinta doblemente galardonada en Sitges "Possessor Uncut".lcohólico nada ejemplar, que intenta cazar a un asesino misterioso en los bosques de una reserva natural. Errores garrafales de guion condenan a este estilizado film a un producto más dentro del género policíaco. En cuanto a Post Mortem, ahondar en la idea de la reverencia a los muertos en la forma de fotografiarlos una vez finados en el lejano oeste de un siglo y medio atrás. No es nada nuevo, si a ello añadimos una banalización de los fantasmas del pasado campando a sus anchas, lo hace todavía más tedioso, pese a una buena ejecución en su conjunto.
    Al día siguiente, las expectativas cayeron en saco roto. Ante la imposibilidad de llegar a tiempo a visionar Teddy —al parecer, un cuento galo con no pocos pronunciamientos mitológicos—, nos dejamos caer en Wendy. Vendida como la joya de la corona del cine estadounidense del momento, pronto nos dimos cuenta que no era más que una exportación innecesaria del cuento de Peter Pan, de Barbie, tamizada por unos escenarios naturalistas y un mundo infantil actualizado y sin complejos. Una aventura de digestión solo apta para incondicionales de Behn Zehlin y su sobrevalorada Bestias del sur salvaje.
    Una vez asumida la jornada anterior, la visita a Archive vino condicionada por la nula expectativa, confirmándose ese grado de escepticismo hacia una película que nos recordaba en demasía a Eva, de Kike Maíllo, quien nos presentó días después una interesante reflexión sobre la condición humana en Cosmética del enemigo. Extraída de la novela homónima de Amélie Nothomb (recomendable, no solo por sus exiguas noventa páginas), Maíllo da una vuelta de tuerca y cierra el film de manera distinta a esta y con roles cambiados.
    Siguiendo con el recorrido al mundo fantástico propuesto por el Festival, The Reckoning, se encontraba entre las piezas codiciadas del mismo, puesto que su director, el aclamado en algunos círculos de fans Neil Marshall (The Descent), nos quería desvelar los secretos de la Edad Media y la peste negra. Insuficiente e irrelevante, a la postre, por mor que existían elementos interesantes de la Historia medieval, como las zonas de tortura y sus artilugios. En la sesión posterior, La nuée, volvía a simbolizar ese carácter postapoUn togorama de "The Reckoning".calíptico en el marco rural. Langostas interactuando con humanos como si de un juego ecológico y premonitorio del cambio climático se tratara. Pretenciosa como otras cintas europea del momento, caso de The Mosquito State, una suerte de The Fly (La mosca) (1986) con espacios asépticos y unos efectos visuales digitales nada innovadores que le valieron el Premio en ese campo, pese a lo desconcertante de la propuesta y la naturalidad con la que se desenvuelve en una sociedad arribista el protagonista y su grotesco aspecto físico. Una parábola social con ínfulas de cine Neonoir.
    Otro ejemplo de «película gato por liebre» es The Education of Fredrick Fitzell, en la cual el Fredrick del título es un triunfador que cierto día, al enfrentarse a la enfermedad terminal de su madre, empieza a sufrir visiones de un pasado que parece ofrecerle la posibilidad de escoger un destino distinto al que sus decisiones pretéritas condujeron. Pasado y futuro se cruzan, pues,  en el presente del personaje, poniendo en riesgo la seguridad de la que gozaba hasta ese momento y haciéndole dudar de si su vida (esposa, trabajo estable, etc.) es la que realmente quiso vivir. Con una dinámica argumental que recuerda a la cult movie Donnie Darko (2001), lo que en aquella era lo que el cineasta Alejandro Jodorowsky denomina «cine vertical» —imprevisible y arriesgado—, es aquí horizontalidad y línea plana. Incluso el final de la odisea personal del protagonista termina dejando un molesto regusto reaccionario y acomodaticio.
    En cuanto a la esperada por algunos aficionados, Come True, una producción independiente canadiense, nos presenta a Sarah, una adolescente taciturna y solitaria que evita el contacto social y, para combatir el insomnio que la aqueja, decide participar en un experimento de estudio del sueño que una misteriosa organización está financiando. Con un tono que en ocasiones recuerda la soledad que transmitía El sexto sentido (sin tener nada que ver a nivel temático), y una inquietante representación del mundo onírico en el que vive la protagonista, lo que parecía ser un típico drama con personaje inadaptado y aislado de su entorno, se va convirtiendo progresivamente en un tenso relato de ciencia ficción, con retazos de terror. Sin obviar algunas trampas argumentales que omitiremos para no estropear la sorpresa que depara el final, podemos decir que la escena con la que concluye la película se erige en uno de las más inquietantes y terroríficos giros de guión de los últimos tiempos, además de conseguir evocar sin sonrojo al pesimismo paranoico de Philip K. Dick.
    Reducida la oferta en los últimos días por las restricciones nocturnas, pudimos introducirnos antes de medianoche al pase de una de las sorpresas del festival, Le dernier voyage de Paul W. R. Desprovista de cualquier tendencia neoliberal y maniqueísmo, esta cinta gala dirigida por Romain Quirot utiliza elementos caros al cine de ciencia-ficción (vehículos voladores sin ruedUn fotograma de "Relic".as, zonas desérticas, personajes demacrados, etc.) pero que conforman un corpus fílmico en plena devastación de la Tierra muy cercana a una realidad próxima. Iconografía propia del género que aporta su grano de arena al mismo, pese a un dejà vu evidente (Hardwate: El último kamikaze, compartiendo al mismísimo Jean Reno), pero con personalidad propia.
    Como colofón a esta sección nos adentramos en el mundo de Kandisha. Se trata de una especie de Candyman, el dominio de la mente (1992) en plenos suburbios parisinos. Un trío de muchachas de diferente raza y cultura viven en el lumpen de una sociedad supuestamente moderna. La invocación de la leyenda de Kandisha provoca una serie de muertes, conformadas de modo lógico, siguiendo unos parámetros. Sin embargo, la historia no acaba de convencer, pese a venir firmada por dos connaiseurs del género como son Alexandre Bustillo y Julien Maudy (presente en el Festival, al cual pudimos entrevistar —ver próximamente—), con un cierre que delata el carácter pseudoreligioso del film.
    En la recámara quedaron títulos a priori interesantes como lo último de Bryan Bertino (Los monstruos), The Wrath and the Wicked, al parecer sin aportar nada nuevo a su concepto de terror psicólogico; Relicuna cinta australiana inquietante en su premisa; y Sputnik, una recreación del accidente de una nave espacial soviética con sus consecuencias en la llamada Guerra Fría.
INAUGURACIÓN: Malnazidos 
Como es habitual en este milenio, se priorizó y escogió una producción española para inaugurar el certamen. En las postrimerías de la Guerra Civil Española, un capitán del bando nacional llamado Jan Lozano y su inexperto ayudante son capturados por un grupo de soldados republicanos. El odio y antagonismo que sienten los dos bandUn fotograma de "Malnazidos".os deberá dejarse de lado para unir fueras y sobre vivir ante el ataque de una horda de muertos vivientes que les cercan…
Dirigida a cuatro manos por Alberto de Toro y Javier Ruiz Caldera, la película funciona bien a distintos niveles: sin tratarse de una pieza rompedora de moldes en su adscripción al género zombie, la hibridación que se produce al ambientarla en un escenario como la Guerra Civil, genera una inteligente doble lectura de las «dos Españas», con los dos bandos irreconciliables que unirán esfuerzos y se llegarán a entender para lograr vencer al enemigo común. Asimismo funciona como película puramente de género fantástico, evocando al cine de George A. Romero en sus incursiones al mundo zombie que lo hizo famoso.
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CINTA GANADORA: Possessor Uncut.
Con tan solo dos largometrajes en ocho años de carrera, y después del impacto que provocó su estreno en el pasado festival de Sundance, Brandon Cronenberg ofreció la que quizás fue la apuesta más arriesgada y límite que pudo verse este año en la programación de Sitges, consolidando su carrera como cineasta de prestigio, y alejándose de la sombra de su omnipresente padre. Tasya Vos (una espléndida Andrea Riseborough) trabaja en una corporación secreta que por medio de una avanzada tecnología de control mental, introduce la mente de sus agentes en personas anónimas a las que obliga a cometer cualquier delito que beneficio a las poderosas empresas que pagan por el servicio. Cuando Tasya “posee” el cuerpo de un joven al cual fuerza a asesinar al padre de su novia (un prepotente y acaudalado magnate), las tornas se invertirán al no poder abandonar el cuerpo prestado, que empieza a tener conciencia de la manipulación a la que ha sido sometido, iniciando una espiral de violencia y venganza. Hay algunos guiños (voluntarios o no) al cine de David Cronenberg: el tenso duelo entre los dos personajes principales a través del dominio mental recuerda inevitablemente a la persecución que mantenían la trama de Scanners, y la amoral empresa que ofrece   su tecnología para cometer todo tipo de crímenes al mejor postor, evoca a las corporaciones que hacen acto de presencia común en títulos como Videodrome o eXistenz (1998). Imprevisible y tensa, la película no da concesión de ningún tipo al espectador acomodaticio, llegando hasta las últimas consecuencias a la hora de explicar lo que empieza como una historia de espionaje industrial con ráfagas de violencia poco usual en el cine comercial y termina en una alegoría de la manipulación a la que podemos ser víctimas en los tiempos actuales, en un final tan cruel como implacable y coherente.
    Merecida o inmerecidamente, Possessor se alzó con el galardón a mejor película y mejor director de la sección oficial Fantàstic. Algo que no ocurría en los últimos años.
 
PANORAMA FANTÀSTIC 
Por lo que concierne esta sección podemos asegurar de que se trata de la más coherente y ajustada a programación de todas las presentes, sin desmerecer a ninguna de las demás. Da una visión muy certera de la cosecha de finales del pasado año y extrañamente del presente ejercicio. Repasemos, pues, los títulos que pudimos visionar —en pantalla grande, comme il faut— durante estos días otoñales. 
Empezamos por Vicious Fun, cinta canadiense por donde desfilan una serie de asesinos en el interior de una especie de After, que esconde auténticos ‘monstruos’ reunidos para ver quién sobrevivirá. Excesivamente violenta en su discurrir por la supremacía del Killer perfecto. Poco hay que decir de la argentina La funeraria, amén de incidir en el problema de dicción de alguno de sus protagonistas —los subtítulos por extraño que parezca, ayudaron a su comprensión total—, su propuesta, bien intencionada, denota una falta de medios notable y una capacidad de abstracción (bailes en mitad de la noche) evitable a todas luces. Por el contrario, la curiosa coproducción américoiraní, The Night se puede calificar como una auténtica revelación, con una premisa tan sencilla como abordable fílmicamente: la caída de la noche y la falta de combustible llevan a una familia iraní hasta un hotel que alberga no pocos secretos en su interior. Una auténtica pesadilla que los únicos huéspedes viven totalmente despiertos. Una pequeña joya.
    El género del western de un tiempo a esta parte ha sido un aliado de Sitges, no pudo fallar esta vez un título adscrito a ambos géneros. The Pale Door revive una parte oscura de la vida de los Dalton (en realidad existieron). Un pasaje de supervivencia descrito elegantemente y sin estridencias, recreada en su parte final, en plena noche, en un adecuado clímax. En un segundo plano, posicionaríamos a Boys From County Hell. Una cinta proveniente del Reino Unido (Inglaterra e Irlanda) que dibuja una leyenda ancestral con personajes demasiado estereotipados (los viajeros canadienses que arriban al pub de turno ante la mofa y animadversión de los autóctonos), que completan una serie de infortunios próximos a la muerte. Por cierto, los páramos recordaban sospechosamente a los de Un hombre lobo americano en Londres (1981).
    En el terreno puramente indie, la propuesta que más se aproxima a este concepto es 12 Hour Shift. Un turno de doce horas ubicado en un Hospital de pueblo fronterizo de los USA, con el tráfico de órganos en su trama. Sin ser un título destacable, la sola presencia de Angela Bettis (May) es toda una garantía de credibilidad, aun siendo una cinta demasiado pequeña en su compromiso con el espectador. Después de acceder a tan suculentas propuestas, tuvimos las de perder con The Banishing, pese a venir firmada por el interesante Christopher Smith (Creep, Desmembrados), la cinta languidece por momentos y denota esa falta de interacción entre los personajes. Una obra, por otro lado, en demasía manida y visitada. En la misma línea, Breeder, imposible cinta danesa convencida de sortear las trampas que ella encierra en sí misma, con experimentos de ADN de alta tecnología en una fábrica abandonada y unos raptores que ejercen incluso de asistentes médicos (sic). Llegado a este momento, la propuesta de The Toll (algo así como ‘El atajo’) parecía una aportación interesante. A pesar de su corta duración, la cinta se vuelve reiterativa en la convención de que existe una zona 0 (fuera de los mapas) de una carretera secundaria, donde parece que nada ocurra en realidad. En esa misma línea atemporal se encuentra Sangre Vurdalak. Defendida como una cinta de vampiros, moderna y original, su propuesta no llega a convencer más allá de haberse conformado como un cortometraje de nivel. El que tuvo el realizador vasco, Pol Urkijo en una extraña sección paralela especial de su notable Dar, Dar. Posiblemente, al verla como posible ganadora del certamen de cortometrajes se le dio un carácter más exclusivo acompañándola al largometraje de inauguración, la aclamada Malnazidos.
    Si bien la auténtica sorpresa —si se puede llamar de esta forma— actual del certamen ha sido la cinta proveniente de Indonesia, Impetigore. Historia de traiciones, maldiciones y clanes familiares ancestrales en el interior de una pequeña localidad remota de aquel país. Bien narrada —con preponderantes y necesarios flashbacks—, la cinta se sigue con facilidad y no malgasta un solo plano en recrear las torturas a que son sometidas dos jóvenes aventureras. Magnífica la apertura del film en un lugar tan poco visitado como son los peajes nocturnos.
   Con nocturnidad y alevosía nos vino caído de de tierras uruguayas Morgue. Pese a sus exiguas pretensiones, el film recuerda al díptico de Ole Bornedal sobre El vigilante nocturno, aquí con acento hispano y un grado de comedia justificado por los escasos aunque convincentes medios con los que se ha podido abordar.
Para finalizar este nutrido apartado, dos propuestas que se solventaron con un cansancio propio por paso de los días. La primera, The Old Ways. No todos los caminos llegan a Vera Cruz, pensaría la chica secuestrada en un improbable lugar de culto —único espacio interior recreado en el film— por su propia sobrina y un seguidor. Rememorando las cintas de Jesús Franco, esta producción mexicana deja de interesar una vez la mujer cautiva sucumbe al Síndrome de Estocolmo y se adentra en esta pseudo secta. En el otro lado de la frontera se sitúa Honeydew, una pieza construida al amparo de su protagonista Sawyer Spielberg (el hijo de Steven Spielberg, gran lector de Mark Twain), y su facilidad empática con una vieja solitaria y su hijo, que habita en una triste casa en mitad de un desierto que alberga no pocos fantasmas familiares de por medio. Una eclosión de maldad y rabia que completaron una más que digna sección habilitada para ser el motor de un festival cuando la parte competitiva decline en algún momento.
 
SESIONES ESPECIALES
Dentro del marco del Festival, amén de las pertinentes presentaciones de libros (asistimos al de La reina del grito, de Desirée De Fez y Sombras de Caligari, una obra colectiva) y otros eventos como ruedas de prensa, existe un número indeterminado de películas que acaban englobadas dentro de sesiones llamadas especiales, en tierra de nadie, debido a su inminente estreno o a la singularidad de los mismos.
    Estos fueron los casos tanto de No matarás, del manresano David Victori como el del prestigioso Álex De la Iglesia con 30 monedas. La primera, un trepidante Thriller rodado en diversos barrios barceloneses, cuya falta de rigor y licencias tomadas en el guion hace que pese excesivamente en su buen planteamiento y desarrollo. Un voluntarioso Mario Casas se acercó a presentarla junto a los demás actores y director. En cuanto a la segunda cinta por orden de proyección, se trata de un capítulo piloto de hora y veinte minutos que perfectamente podría haber pasado por un largo si no fuera por el final tan abierto que requiere una serie de este tipo. HBO será la plataforma para visionar en exclusiva este tercer y prometedor acercamiento del realizador vasco al medio televisivo. Buen guion y venerable dirección.
SITGES CLÀSSICS
No podía faltar esta legendaria y necesaria sección por motivos obvios, cuando la actualidad ha marcado la anulación de muchos rodajes. En este caso, Sitges 2020 quiso recuperar al no menos inmortal Doctor Caligari. Sin ser la primera película de terror de la Historia —una versión alemana perdida de El retrato de Dorian Gray era anterior— como se ha dicho en algunos medios que no contrastan las informaciones, El gabinete del doctor Caligari (1920), sí es, la primera que permanece todavía en su estado original, presentándose aquí una excelente copia remasterizada que conmemoraba el centenario de este incombustible film de misterio. Al socaire de esta proyección y el de varios clásicos que surgieron a raíz de su estreno, como El proceso, El gabinete de Caligari («cosecha» de 1962 de la Fox del film primigenio), los diversos Dr. Mabuse, de Fritz Lang (se pudo ver en una espléndida copia El testamento del doctor Mabuse) se originó un libro explicativo y didáctico de obligada lectura por parte de los interesados en este movimiento cultural llamado Sombras de Caligari.
   Por lo demás, las consabidas proyecciones en pantalla gigante (un lujo) de Furia oriental (1972,), el clásico de Artes Marciales —y decimos bien— con el verdadero Bruce Lee; Flash Gordon (1980), que desde su pase en TV3 me he negado a ver sistemáticamente ni que sea en su formato apropiado; la anteriormente mencionada El hombre elefante, el primer estreno doblado al catalán tras el franquismo; y dos cintas de parecido nivel como son El imperio contraataca (1980) y Desafío total (1990), en un espectacular 4K, dos auténticos íconos del cine de ciencia-ficción de décadas distintas y sucesivas.
    Otro clásico omnipresente en cada edición del Festival es Stanley Kubrick. De una u otra forma siempre está presente en la programación. Este año no pudo ser menos y, en forma de documental, se pudo visionar el más que interesante Kubrick By Kubrick. Un retrato en primera persona del día a día del realizador de Barry Lyndon a través de imágenes, declaraciones de actores y de una grabación inédita con el crítico galo Michel Ciment.
 
SECCIÓN SEVEN CHANCES
Una de las revelaciones de la anterior edición del Festival de Sitges fue la reformulación que pareció experimentar la sección 7 Chances , una de las más desaprovechadas y que históricamente restaba oculta entre la ingente programación de películas que caracteriza al certamen en la actual era.
    Como decíamos, se aplicó un criterio de selección que parecía tan prometedor como coherente: segundas oportunidades a óperas primas que debutaron en pretéritas ediciones de Sitges y no tuvieron distribución comercial en cines (Spirits of the Air, Gremlins of the clouds), testimonios de la gestación de una obra tan vinculada al festival como Blue velvet ,e imposible de poder disfrutar en una sala grande (Blue Velvet Revisited), o títulos malditos del género fantástico, ofrecidos en su versión del director (Dream Demon). Lo que era una sección minoritaria y “de la crítica“ , tuvo una más que satisfactoria acogida de público, llenando en casi todas las proyecciones.
   Muchas eran, pues, las expectativas con las que esperábamos la selección de este año, pero finalmente, más que consolidar la progresión antes mencionada, la sensación global es que la sección ha sido un “cajón de sastre”, tan irregular como desordenado . Si uno de los intereses de un festival de cine como el de Sitges debería ser revisitar rarezas o piezas inéditas, no se entiende que tan sólo nos contáramos una veintena escasa de espectadores   para descubrir un clásico del género tan interesante como Viy, o el exotismo y la visceralidad de Mojica Marins, y en cambio el experimento audiovisual que propone Host (tan juguetón y lúdico como intranscendente y olvidable) , consiguiera llenar hasta la bandera el cine Prado. Harían bien los organizadores en mimar la sección, y mantener su pulso, máxime en un evento que históricamente tiene un déficit a la hora de ofrecer películas de forma retrospectiva. También un aviso a navegantes (jóvenes espectadores) en mirar a los orígenes del cine. Detalláremos y analizáremos a continuación esos títulos olvidados para mayor conocimiento del personal.
 
Spookies. Estados Unidos, 1986. Eugenie Joseph, Thomas Doran y Brendan Faulkner. Los Spookies fueron carne de vídeo club durante la eclosión del denominado «vídeo doméstico» (el entrañable VHS) que tuvo lugar a lo largo de los años ochenta, antes de que el formato digital arrasara con lo analógico y enterrara definitivamente la cultura de los clásicos vídeo clubs. Spookies, claro ejemplo del cine fantástico destinado al puro entretenimiento que se produjo en esa época, nos cuenta la historia de un maligno alquimista que aprovecha la visita de un grupo de atontados jóvenes a su mansión para así conseguir aniquilarlos por medio de una legión de monstruos que tiene como mascotas (los Spookies del título) y poder revivir a su esposa, víctima de una maldición que la mantiene dormida los últimos ¡setenta años! Semejante argumento ya deja claras las intenciones que ofrece un producto de explotación y entretenimiento , sin coartadas culturales o intelectuales de ningún tipo.
    Desde la primera secuencia en la que se presenta al grupo de jóvenes que parecen competir entre sí para lograr el reconocimiento al encefalograma más plano de la película, de lo que se trata es de ofrecer al espectador un entretenimiento basado en la concatenación de situaciones a cada cual más inesperada y. de igual manera que en los clásicos «pasajes del terror» ubicados en los parques de atracciones, los sustos se solapan con la comedia, otorgando una diversión efímera, tan superficial como las raquíticas interpretaciones de los actores y actrices, en muchos casos rozando lo amateur. Entretenida, y auto paródica, la falta de rubor de sus responsables a la hora de   fotocopiar escenas o efectos calcados a clásicos del género fantástico ofrece al aficionado el aliciente de detectar las influencias de referentes como Posesión infernal, Gremlins, Phantasma o las películas producidas por Charles Band , con la saga “Ghoulies “ a la cabeza…
No obstante algunas secuencias (como la transformación de una mujer en araña gigante) contienen unos efectos especiales propios de la añorada época previa a los generados por ordenador , tan meritorios como entrañables.
    La película termina con una de las escenas fantaterroríficas   más delirantes   que como espectador recuerdo haber visto en una película del género: La interminable  secuencia que remite sin disimulo tanto a La noche de los muertos vivientes  (1968) como al vídeoclip Thriller de Michael Jackson, sque al personaje femenino perseguido durante largos minutos por una horda de zombies tan insidiosos y  perseverantes que más parece un final de fiesta Rave que la conclusión de una película de terror.
   Como curiosidad final mencionar que la magnífica ilustración que sirvió de portada del VHS en el momento de su estreno ,es obra del genial dibujante Richard Corben.
Desprejuiciada, festiva y cien por cien festivalera, hubiera tenido un hábitat más adecuado en una midnight session que en Seven Chances.
 
À meia note levarei su anima. Brasil. 1964. José Mojica Marins.
A pesar de la nula consideración crítica e incluso la mofa con la que frecuentemente es considerada la obra del recientemente desaparecido José Mojica Marins, el personaje Zé do caixao, traducido aquí como «José el del ataúd» o “Coffin Joe” en el mercado anglosajón, en su Brasil autóctono todavía hoy es conocido y venerado de análoga manera a como el Fandom trata aquí a iconos del cine de terror como Freddy Krugger o Leatherface. Una de las singularidades que confieren interés a la película que nos ocupa, es que inauguró el personaje del sádico e irreverente entierra muertos asesino, que apareció en un total de seis largometrajes, todos ellos protagonizados por el mismo Marins, que en el film que nos ocupa (especialmente en la parte final desarrollada en el cementerio) parece evocar la estética de las películas clásicas de la productora Universal, con primeros planos de un desbocado Ze do Caixao y sus ojos inyectados en sangre, o abruptos compases musicales que puntean los momentos más violentos.
 
El Viyi. Unión Soviética.1967. Konstantin Yershov y Georgi Kropachyov.
La perla del 7 chances de este año, y avalada por tratarse de un clásico del cine fantástico ruso de finales de los años sesenta, se trata de la adaptación de un relato corto del escritor ucraniano Nikolái Gógol, que también sirvió de soporte argumental para La máscara del demonio (1960), de Mario Bava. Con una primera parte que astuta y engañosamente lleva al espectador por los senderos del género de la picaresca y un tono proclive a la comedia, en el momento en el que el joven protagonista debe afrontar el velatorio de la bruja, la película eleva el vuelo acercándose a los confines del género del terror sobrenatural, y con una arquitectura fílmica y un pulso narrativo tan firmes que reta sin demasiadas fisuras los más de cincuenta años que separan su gestación.
   Buscando referentes, parece clara la influencia que ejerció sobre sus artífices el cine de la Hammer ,en general, y el de Terence Fisher en particular, en especial en las secuencias de liturgia y ceremonia religiosa, con el joven cura intentando protegerse de los demonios por medio de su (maltrecha) fe y un círculo de tiza trazado en el suelo. Mención aparte merecen los últimos quince minutos de metraje, con un despliegue impresionante de efectos visuales para la época, que sumergen al espectador en una pesadilla fantasmagórica y alucinada, alternando artesanales pero muy vistosos trucajes, con un maquillaje realmente convincente.
    Hablando de estos últimos minutos, es justo destacar la eficacia de los efectos especiales con los que son mostrados los demonios, autoría que se asocia a Aleksandr Ptushko, responsable de una interesante filmografía como director artístico, y al cual se suele comparar con Ray Harryhausen por el uso imaginativo y avanzado que hizo de la técnica Stop Motion.
 
Citiken K. Francia.2020.Yves Montmayeur.
Yves Montmayeur es un reputado documentalista, habitual en la programación de Sitges, donde en pasadas ediciones presentó títulos como Dragon Girls! Les amazones pop asiatiques (2016), centrada en la figura femenina asiática en el mundo del cine de acción, el cómic, los vídeo juegos  o The 1000 Eyes of Dr. Maddin sobre la figura del cineasta canadiense Guy Maddin, otro “sospechoso habitual” del festival. En esta ocasión, la atención de su último documental se centra en el cineasta japonés Takeshi Kitano, cuya flmografia también ha sido frecuente en la programación de Sitges. El problema de los biopics “oficiales”, y por ende, de los documentales del mismo estilo, es que con frecuencia, corren el riesgo de (des)equilibrar la balanza hacia el retrato amable y virtuoso en detrimento de la visión más crítica y objetiva del personaje retratado. Sin tratarse de un panegírico, el trabajo adopta desde sus primeras imágenes el tono afable y amistoso con que se retratará la figura de Kitano, que es mostrado como el Outsider incomprendido en su Japón natal, que ha alcanzado la cumbre del cine gracias a su esfuerzo y talento .
    El documental no ofrece un análisis detallado de la filmografía del tokiota, sino un repaso general de su carrera, con especial hincapié en la dicotomía que tuvo que superar: por un lado el bufón televisivo que era conocido por el pseudónimo Beat Takeshi, el cual le dio una enorme popularidad y audiencia en la televisión japonesa y le permitió financiar sus obras más personales, y por el otro, el director de cine que poco a poco alcanzó (fuera de las fronteras de Japón) el status de cineasta con mayúsculas, alcanzando el zénit al lograr el León de Oro en Venecia en 1997 por su magnífica Hana-Bi (Flores de fuego). Uno de los momentos álgidos del documental aparece cuando Kitano, al recibir el mencionado galardón en Venecia, se resarció de la poca consideración que sus compatriotas tenían por su carrera como cineasta. Abundando en lo mencionado en la introducción, y a pesar de su (moderado) interés, no acaba de entenderse la inclusión de este título en 7 Chances . Hubiera sido más lógico emplazarla en la sección dedicada al documental.
 
Host. Reino Unido. 2020. Rob Savage.
Algunas películas son fruto exclusivamente de su época, y Host es el ejemplo perfecto para exponer esta tesis: Según explica su director Rob Savage, todas las imágenes fueron grabadas durante la cuarentena que provocó la actual pandemia a principios de año, y los equipos técnico y artístico se coordinaron a través de vídeo llamadas y mensajes de washapp, algunos de los cuales aparecen literalmente en pantalla durante la película. Recibida con enorme expectación en su presentación en Sitges, llegando a compararla con el fenómeno que supuso en su momento El proyecto de la bruja de Blair, cabe decir que lo que en realidad Host nos propone es una típica -y muchas veces vista- historia de amigos que realizan una sesión de Ouija, despertando un espíritu maléfico que los irá atacando uno a uno.
    La novedad del asunto estriba en ambientar la ficción en pleno confinamiento, y hacerlo usando situaciones y elementos que en ese momento fueron tan habituales como el uso de la plataforma de vídeo comunicación “zoom”, comentarios sobre las mascarillas, el gel hidroalcohólico, los saludos con el codo, o las ganas de reunirse en persona y poder tocarse. Superados los primeros minutos de película se torna previsible, adoptando sin complejos muchos de los trucos del cine de terror comercial, pero desaprovechando el que quizás era el elemento más perturbador con el que podía haber jugado: el aislamiento forzado de cada personaje (interactuando con los demás desde la soledad de la pantalla de su ordenador) y la impotencia de no poder ayudarse unos a otros, frente a la invisible y perversa entidad que los amenaza. Sin despreciar la meritoria habilidad técnica con la que está explicada la historia —contando con mínimos recursos formales— , lo que podría haber sido una original metáfora del temor al confinamiento y la soledad, el regusto final que deja el visionado de esta historia de terror sobrenatural es que apuesta más por el susto efectista equivalente al tren de la bruja de una feria, que al sobrecogimiento o al poder de lo atmosférico.
   Del western Manos torpes —con el homenajeado actor de carácter Manuel De Blas— y El huerto del francés (esta última, de la que pronto se estrenará  el Bluray en la versión restaurada en 4K que pudo verse en Sitges) hablaremos en una próxima ocasión, a mayor gloria de un Jacinto Molina, desdoblándose en actor y director, en su época dorada.
     Para finalizar, una reflexión para nuestros políticos y asesores científicos: Focalizar su mirada en siete oportunidades de visionar títulos de ciencia-ficción (Contagio, Carriers, Estallido, La amenaza de Andrómeda, The Hellstrom Chronicles, Bug) o dramas/parábolas sociales (Pánico en las calles) que puedan ayudarnos a darnos una solución o atajar y preveer mejor una pandemia como la que estamos (mal)viviendo. No les recomendáremos Península, una de las películas estrellas del certámen al tratarse de una auténtica paranoia social demasiado alejada de lo que estamos viviendo en nuestras carnes.•