EXPOSICIÓN STANLEY KUBRICK EN EL CCCB (OCTUBRE '018-MARZO '019)
Los aficionados al cine de Stanley Kubrick en el estado español tienen un nuevo argumento para “reverenciar” su magna obra merced a la exposición del CCCB (Centre de Cultura Contemporànea de Barcelona) que se inauguró el pasado 24 de octubre de 2018 y concluirá el 31 de marzo de 2019. Este evento se añade a la oferta de un año prolijo en actividades que giran en torno a la obra de Kubrick, especialmente referido a 2001: una odisea del espacio (1968) en el cumplimiento de su 50 aniversario, con la presencia de parte de la familia Kubrick en la pasada edición —la 51— del Festival Internacional de Cine Fantástico de Sitges, invitada en la gala de
En estreno
 
ESPECIAL ALAN PARKER (PARTE I, 1976-1987)
Retirado de la práctica cinematográfica desde hace una quincena de años, Alan Parker (n. 1944) ha ejercido de Presidente del Sindicato de Directores de Gran Bretaña, dejando así los platós por los despachos. A pesar de la relativamente corta filmografía de Alan Parker, hemos considerado oportuno en cinearchivo.net proceder a la revisión de cada uno de los catorce largometrajes que llegó a dirigir a lo largo de una treintena de años. En buena parte de este periodo de tiempo el realizador
A PROPÓSITO DE JOHN WILLIAMS, UNA LEYENDA VIVA
Estos días el nombre de John Williams ha ocupado espacio en los medios de comunicación debido a la cancelación y/o reemplazo del director de orquesta para los conciertos de Viena (días 3 y 4 de noviembre) y de Londres (día 26 de octubre) por enfermedad del maestro neoyorquino. La decisión de causar baja en sendos conciertos ha levantado la voz de alarma entre la comunidad de aficionados al cine y, en especial, de las bandas sonoras, especulando sobre el alcance de la dolencia o enfermedad que padeció nada más bajarse del avión en Heathrow hace
51 EDICIÓN FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE FANTÁSTICO DE SITGES
El peligro que conlleva seleccionar dentro de una parrilla de cintas en cualquier certamen que incluya una competencia entre las películas presentadas, resulta ya de por sí harto difícil. Si a ello, añadimos las restricciones propias de la abultada programación y demanda de entradas, nos vemos en la obligación de escoger entre el grano y la paja, aún sabiendo que en muchos
EL BLURAY DEL MES: «EN REALIDAD, NUNCA ESTUVISTE AQUÍ» (2017)
Joe, un ex marine fornido de cuarenta y ocho años, acaba de realizar su último trabajo en Cincinatti, en el estado de Ohio. Las previsiones han fallado, pero regresa a Nueva York para realizar un nuevo encargo. En este caso se trata del secuestro de Nina, la hija de un aspirante a senador llamado Votto. A través de McCleary, Joe recibe una pista que puede conducirle hasta el paradero de la adolescente, de la que se
LA BANDA SONORA DEL MES: «THE BGF» (2016)
Si tomamos un intervalo temporal relativamente breve —de unos cuantos meses— podemos valorar la función de la música en el cine de Steven Spielberg contando con compositores distintos, un ejercicio que rara vez podríamos llevar a cabo al referirnos a la obra del cineasta
J. A. BAYONA
La profusión de libros de cine dedicados a directores que apenas han iniciado su carrera cinematográfica resulta un tanto paradójica de un tiempo a esta parte. Sin embargo, si tenemos en cuenta lo difícil que resulta levantar un proyecto de cierta envergadura en la actualidad, comprenderemos que sus respectivas
51 EDICIÓN FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE FANTÁSTICO DE SITGES

 


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                                      EL AÑO DEL MONOLITO   

Crónica de Àlex Aguilera, Christian Aguilera y Mario Ripoll


El tradicional Festival de Sitges volvió a tener su puesta de largo en plena temporada otoñal. como de costumbre con sus inquietantes cintas a todos los niveles. Sin embargo, el peligro que conlleva seleccionar dentro de una parrilla de cintas en cualquier certamen que incluya una competencia entre las películas presentadas, resulta ya de por sí harto difícil. Si a ello, añadimos las restricciones propias de la abultada programación y demanda de entradas, nos vemos en la obligación de escoger entre el grano y la paja, aún sabiendo que en muchos casos vamos a ciegas. Decía un crítico catalán de reconocido prestigio que para ir a ver el estreno de un filme hay que entrar con los ojos limpios, esto es, sin conocer detalles ni un trazo argumental previo de esa producción concreta. Craso error en certámenes donde el nivel de exigencia resulta más bien medio, atribuible por norma general a la cosecha fílmica de ese o el pretérito año ya cerrado tras la anterior edición. Pues bien, este ha sido el caso en una edición notable —la celebrada entre el 4 y 14 de octubre de 2018— en otros muchos aspectos (organización, venta de entradas, presencia de directores, técnicos e intérpretes de renombre mundial, Masterclass, debates, conciertos, proyecciones, etc), y que, sin embargo, encontró un déficit de títulos a recordar en un futuro próximo y lejano, como es el caso de la vencedora, la irregular y provocadora Clímax.
 

SECCIÓ OFICIAL
 
Huérfana en cuanto a obras de entidad, la selección oficial a competición constaba de treinta y tres cintas, ubicadas a lo largo de los diez días que duró el festival cara a los medios informativos. La última jornada, la del domingo y sus tradicionales multimaratones, reconocieron la fidelidad de un público que llenó gran parte de las sesiones programadas.
  Vayamos, pues, a diseccionar esta sección de manera sucinta y aclaratoria, a la vez. De lo mucho que se pudo ver en ella destacaremos dos títulos, no por su magnificencia ni por su originalidad, sino por su extraña forma de narrar unos sucesos irreales a todas luces, aunque apta para beatos y devotos –donde cada vez los hay más en terrenos políticos, dicho sea de paso-. La italiana Lazzaro felice se erigiría —Premio de la Crítica— entre lo más granado de la sección, donde un joven profeta en su tierra campestre mantiene su misma estampa y figura veinte años después de trasladarse a la gran ciudad junto a alguno de sus vecinos. Valores de ciudadanía, ayuda al prójimo y fantasía a raudales en una clara referencia a la presencia de un terrenal Jesucristo. Proyectada en blanco y negro, el relato se aguanta perfectamente hasta un esperanzador final. En el otro lado del vértice del paroxismo llevado al extremo del cataclismo se encuentra The Unthinkable (algo así como «lo inimaginable»). Cinta de acontecimientos catastróficos en torno a la persona de un joven que retorna a su hogar, reemprendiendo una relación perdida. Buenas interpretaciones y coherencia narrativa que se vieron mermadas por una fría acogida, toda vez que fue la última cinta en ser programada a competición. Esta vez, sí, con buen criterio. Por el contrario, la inclusión de títulos tan nimios como Diamantino —una suerte de fábula alrededor de un ficticio Cristiano Ronaldo al que una corporación pretende clonar—; Piercing, un cruce entre el American Psycho de Ellis y un telefilme al uso; o bien, la insufrible Un coteau dans le coeur, donde la premisa del asesino travestido se va diluyendo de forma alarmante. Esta fue la otra cara de la moneda, aquella en la que no deberían tener cabida cintas que rayan lo absurdo. Entre el nivel medio podemos apuntar a todo tipo de producciones en las que subyace la constante del querer pero no poder, o el exceso ante la respuesta racional. En esta última diatriba encontramos Mandy —Mejor Director, Pan Cosmatos, hijo del ínclito George Pan Cosmatos—, una cinta en dos partes, cuya primera resulta cuanto menos perturbadora —el uso de filtros y lentes es ejemplar— en el sentido onírico de recordar al ser querido. Nicolas Cage, en otro de sus recientes Tour de force, nos transmite toda esa energía que desprende al final, como bien apuntaba en sus declaraciones en primera persona en su presentación a los medios y al público que lo esperaba con deleite. En esa medianía o a medio camino en las que se quedaron algunas cintas, mencionar la gala L’heure de la sortie —profecías posibles con un toque repulsivo—, a Pig, introspección iraní en el mundo del celuloide, donde algunos directores van siendo asesinados uno a uno, sin motivo aparente. Susceptible de poder consumarse en algunos casos concretos a lo largo del Festival, de forma metafísica, claro está. Estrenos mundiales o europeos incluidos entre ellos, los de Tous les dieux du ciel, con un arranque prometedor pero con una conclusión ya esperada; o bien, Tumbbad, cinta india, cuya cuota de pantalla en nuestro país es inexistente, y que aquí concita la llegada al averno del padre y un hijo bastardo en el seno de un pueblo decrépito —imagen recurrente de la India rural— aunque brillara con luz propia (mejor fotografía). También tuvieron su bautismo en Europa, las películas argentinas Animal y Muere, monstruo, muere, amén de la colombiana Siete cabezas. Las primeras constituyen sendas historias banales pero bien resueltas a nivel formal, aunque deficientes en cuanto a las interpretaciones, demasiado impostadas y locales —la dicción enrarece y aleja el producto—; no es el caso, de la tercera pieza, artificial y tediosa en lugar y forma. Inaudita su selección en el marco competitivo e incluso fantástico. Caso similar a la de Fugue, un drama polaco en toda regla, aquí vestido de cinta de horror cotidiano. Nada más lejos de la realidad.
   En el ínterin, abrazamos la posibilidad de ver Under the Silver Lake, la esperada cinta de David Robert Mitchell (It Follows). Un trasunto del universo Lynch con una clara referencia a las series pulps de los cincuenta. Se quedó a medio camino, a pesar del contenido inmaculado de su puesta en escena. Con todo no defraudó al aficionado. Buena señal de que lo que demanda el personal es ofrecido con todo su esplendor. Con todo, el conformismo volvió a ser la nota dominante en cada una de las sesiones –las del Auditori, principalmente- en el que nos reuníamos –a la carrera, algunos- para contemplar cintas que muy difícilmente podamos ver en una macro pantalla como la que sirve Sitges a sus incondicionales.
 

SECCIÓN CLÀSSICS
 
Una veintena de títulos se pudieron ver —generalmente, en el entrañable cine/teatro Prado— en esta sección injustamente devaluada por la prensa de categoría A. Desde el Slasher setentero y ochentero, entre cuyas piezas más loables estaban la manida La noche de Halloween (insuficiente su enésima secuela presentada fuera de competición, con Jamie Lee Curtis cuarenta años más tarde apareciendo en la gran pantalla), El asesino de Rosemary (1981, Joseph Zito), La quema (escrita por Jack Sholder), La hora del lobo (en el cumplimiento del centenario del nacimiento de Ingmar Bergman), La novia de Frankenstein (conmemorando una extraña retrospectiva sobre el monstruo de …), pasando por Noche de paz, noche de muerte (título clave de los ochenta poco revisitada), o la cinta de animación también para adultos Mi vecino Totoro (1988) hasta la fundacional Viernes 13 o las interesantes Maniac (1980) o Uncle Sam (1996), justificando un tanto la llegada de William Lustig, su amable ejecutor.
   En otro orden de cosas, se ofreció la posibilidad al incondicional de acercarse a las legendarias figuras —en su campo de serie B— octogenarias de Jack Taylor y Helga Liné, presentando ambos un documental dirigido por Diego López –adscrito como programador de Brigadoon- y la execrable coproducción El espanto surge de la tumba (1973, Carlos Aured), respectivamente. Su sola presencia hizo olvidar el resto, esto es, la cinta en cuestión.
   Sin embargo, la película que más cautivó al verdadero aficionado –no el snob de turno que le da igual lo que se proyecte- se encontraba fuera de esta sección. Se trataba de Dream Demon (Los sueños del demonio, 1988), de Harley Cokeliss. Cinta británica que ha tenido en mí una segunda oportunidad —treinta años después— y que ha superado todas las expectativas posibles —pocas— de una re visitación al mundo fantasmal y onírico en plena época de matrimonios entre miembros de la realeza. Acogió esta única, estupenda y final sesión para un servidor, Seven Chances (tomando el nombre del film de uno de los films de Buster Keaton), dejando un regusto de retorno a un Festival inconmensurable en bastantes aspectos.
 
À. A.
 
 

SECCIÓN ÓRBITA
 
 Esta sección va cogiendo cada vez más relieve en el conjunto de propuestas cinematográficas que ofrece el certamen catalán. De los diecisiete títulos que aspiraban a premio en la sección Órbita, cuanto menos unos siete u ocho ayudaron a elevar el listón, arrojando a modo de balance final una valoración razonablemente satisfactoria. La película premiada, American Animals (2018) —aún pendiente de distribución en nuestro país— deviene un estimulante retrato de la sociedad norteamericana a través de una premisa que puede llamar a la hilaridad —cuatro jóvenes atracan una biblioteca de una universidad de Kentucky—, pero su director y guionista Bart Layton acierta en el tono, cercano en algunos de sus desarrollos a algunos de los largometrajes más interesantes de la hacienda cinematográfica de Gus Van Sant, además de guardar parentescos a nivel narrativo con El asesinato de Richard Nixon (2005) o La gran mentira (2005). No en vano, se nota que Layton estudió a fondo la producción cinematográfica USA de aquel periodo dado que la historia de American Animals parte de un hecho real acaecido en 2004. Llamada a convertirse en una producción de culto entre parte de la cinefilia, ociosa de descubrir producciones que presentan un sesgo de originalidad, American Animals toma distancia a nivel de calidad en cada uno de los aspectos creativos que concurren para su alta valoración frente a un “pelotón” —valga el símil ciclista— de buenas producciones —las estadounidenses Galveston (con ciertas similitudes a Mud), Dragged Across Concrete (lo último de S. Craig Zahler, marcando estilo propio, aunque algo discursiva) y Asher (policíaco de aromas melvilianos con el protagonista Ron Perlman desdoblándose en productor para la ocasión); las surcoreanas Believer (merecedora de una Mención Especial del Jurado) y The Outlaws; el polar Fleuve noir (crónica de la investigación de la desaparición de un niño que sucede en los aledaños de un bloque de pisos), la islandesa Artic (un one man show de Mads Mikkelsen que parece guiado por el “espíritu” de Robert Redford en Las aventuras de Jeremiah Johnson). Nuestro país estuvo representado en esta sección con un par de producciones de características disímiles. Sendas propuestas muestran sus “costuras” cuando atendemos, en el caso de La sombra de la ley (2018), a la falta de pudor a la hora de “homenajear” sobre todo el cine de Martin Scorsese (en especial el de Uno de los nuestros) y Brian De Palma, sin olvidar a Sergio Leone y su Érase una vez en América para la parte final de un film notablemente ambientado en la Barcelona convulsa de los años veinte del siglo pasado. En el caso de 70 Binladens el vasco Koldo Serra no llega a armonizar un guión alambicado que gira en torno al atraco a una sede bancaria de un barrio de Guipúzcua. Asimismo, la sombra (alargada) de Álex de la Iglesia —en calidad de productor— se deja sentir en esta, a todas luces, fallida 70 Binladens que cerró de películas programadas en Órbita.      
 
 

OFICIAL FANTÀSTIC DISCOVERY
 
 De la docena de películas a concurso en esta sección la única que obedece a la condición de animeMaquia: When the Promised Flower Blooms (2018)— se llevó el único premio concedido por el jurado. Dotada de una exquisita plasticidad visual, Maquia competía con otra cinta japonesa, Shinshiro Umeda / One Cut of the Dead, otra vuelta de tuerca sobre el tema de los zombies. Cabe reseñar que Maquia se suma a una característica común de la plana mayor de los títulos que forman parte de esta sección Fantàstic Discovery: el protagonismo de las féminas. Así pues, en otro tiempo (incluso no demasiado lejano), What Keeps Your Life (2018) hubiese sido interpretada por personajes masculinos, pero esta producción canadiense administrada tras las cámaras por Colin Minihan cede el protagonismo a dos féminas que deciden pasar unos días en una cabaña cerca de un lago… Lo estimulante de la propuesta deviene sus constantes giros narrativos que mantienen en todo momento alerta al público. Otra producción canadiense, Clara (2018), hace uso de un lenguaje cinematográfico distinto, exento de efectismo y con un avance cadencioso, acaso reflexivo, que desemboca en un final que parece anunciarse en el ecuador de la propuesta. Para completar el terceto de producciones canadienses a concurso, Freaks (2018) eleva demasiado las expectativas en su primer tramo para acabar derivando en lo que podría evaluarse un piloto para una serie protagonizada por seres “extraordinarios”. Al igual que la pintoresca y estrafalaria An Evening with Beverly Luff Linn (2018), Emile Hirsch interviene en Freaks, un título “prestado” de la pieza maestra de Tod Browning. En el furgón de cola –en cuanto a valoración crítica— de esta sección encontramos La nuit á devoré le monde (2018) --previsible en su enunciado definido bajo el concepto de Last Mano On Earth—, The Man Who Killed Hitler and Then The Bigfoot (2018), lastrada por un guión imposible, y The Wind (nuevamente con una mujer liderando la función), un título tan escueto como el contenido de una propuesta que se formula en ese “cruce de caminos” entre el drama, el western y lo fantástico. 
 
Ch. A.  
 
 

SECCIÓN SEVEN CHANCES
 
En un festival proclive a la celebración de efemérides, este año le ha tocado el turno a la sección Seven Chances. Se creó en 1993, con el fin de darle una segunda oportunidad, a películas que siete críticos de la Asociación Catalana de Críticos y Escritores Cinematográficos deciden programar según parámetros como el interés o la nula posibilidad de exhibición en salas comerciales. En años anteriores Seven Chances ofreció la opción de descubrir rarezas imposibles de disfrutar en otro marco. No obstante, con la implantación en los últimos años del visionado de películas por vía de internet o plataformas digitales privadas como Netflix o HBO, es más factible el conocimiento y consumo de esos films atípicos e inéditos. Al margen de algunas excepciones (como el clamoroso lleno de aforo que tuvo Noises off, de Peter Bogdanovich en el primer Seven Chances de 1993) era asumido con normalidad que las películas de la sección promediaban un número muy reducido de espectadores. Marcando un punto de inflexión en la sección, este año el cine Prado (donde se exhibieron todas las películas) tuvo una ocupación considerable en prácticamente todas las proyecciones. Coincidiendo con el vigésimo quinto aniversario de su creación se podría decir que los organizadores del festival pueden haber provocado una reformulación de la sección que, en caso de seguir en la misma línea, posiblemente le aporte un mayor impacto e interés en el público en futuras ediciones. ¿Qué puede haber inducido el cambio? A pesar de no obviar que la masiva presencia de espectadores en Sitges ya genera a priori una afluencia regular en butacas, es posible que la vinculación con el género fantástico de casi todos los títulos (Spirits of the air, Wolfman,s Got Nards, Blue Velvet e incluso el El Santo contra el cerebro del mal) con la revisión entre nostálgica y cinéfila, haya despertado la curiosidad y el interés que antes no generaba la sección.
Chance 1: Spirits of the Air, Gremlins of the Clouds. La ópera prima del irregular Alex Proyas, tiene la aureola de ser un película prácticamente invisible en nuestro país hasta hace poco, ni tan sólo a través de edición en DVD o Bluray. Historia ambientada en un futuro post-apocalíptico, se describe la disfuncional relación que se establece entre dos hermanos (él, postrado en una silla de ruedas y de carácter abierto e imaginativo y ella, taciturna, huraña y desconfiada) y un nómada que les pide cobijo para descansar de la larga travesía que realiza por el vasto desierto que enmarca el lugar. Con la ilusión de poder huir del devastado escenario en el que habitan, los dos hombres emprenden la gesta de construir un aeroplano gigante con el que sortear la montaña que los separa de nuevas y prometedoras tierras. Filmada en 16 mm, y con un presupuesto que se intuye exiguo, la película se pudo disfrutar en Sitges de una copia en 35 mm recientemente remasterizada, con una imagen y sonido claramente mejorados. De modesto planteamiento, Spirits … mantiene su aire de película de aprendizaje (Proyas tenía veintiséis años cuando la realizó), y esboza detalles que en el futuro consolidarían su estilo: La importancia y atención que se otorga a la música (el score, el tratamiento de efectos de sonido es de lo mejor de la película), la influencia del comic (Proyas reconoció al fallecido dibujante Moebius como fuente de inspiración visual para la película), la configuración psicológica de personajes traumatizados que buscan con pasión la redención, la religiosidad, etc, … Como curiosidad, recordar que este filme participó en la sección oficial de 1989 del Festival de Sitges, en una desangelada edición (para muchos, la peor de la etapa moderna del evento), en la que “saltaron” de la programación títulos anunciados como Santa Sangre, de Alejandro Jodorowski o Robot Jox, de Stuart Gordon, incluyéndose la película de Proyas a última hora.
Chance 2: Blue Velvet Revisited. Muchos vinculan Blue Velvet con la mejor edición que hasta la fecha se ha vivido en Sitges: 1986. Ése fue el año en el que la programación del festival incluyó futuros clásicos del fantastique como La mosca, de David Cronenberg; Aliens,de James Cameron o The Hitcher, de Robert Harmon, entre otros títulos, y en la que el filme de David Lynch se alzó con el galardón a la mejor película. A mediados de 1985, con tan sólo veintiséis años -curiosamente la misma edad que Proyas al dirigir su ópera prima-, el alemán Peter Braatz, un estudiante que sólo tenía en su haber varios cortometrajes experimentales, escribió una carta a Lynch (al que no conocía de nada) pidiéndole autorización para cruzar el Atlántico y documentar con su cámara de Súper 8 los pormenores del rodaje de la película que estaba en fase de producción. Según explica el propio Braatz en las imágenes que grabó, Lynch accedió con una respuesta entre irónica y cómplice: “Ok! Vamos justos de recursos, o sea que si puedes tráenos dinero…”De esa manera, Braatz se instaló en Carolina del Norte para integrarse en el equipo de rodaje y gracias a su iniciativa, pudo captar momentos íntimos de la gestación y rodaje de lo que acabaría siendo Blue Velvet. Treinta años despué el material grabado en 8 mm fue procesado hasta ampliarlo a 16 mm, incluyendo banda sonora en las partes de metraje que no disponen de sonido. El resultado es una obra embrionaria y fascinante, que nos permite adentrarnos, no sólo en el rodaje del clásico de Lynch, sino en el desarrollo y evolución de las ideas que el director de Montana iba teniendo en el día a día. No se trata de un documental al uso, sino de la captación espontánea y directa de conversaciones, ensayos y pruebas con los que el equipo preparaba la filmación. El documental ofrece curiosidades como la costumbre de Lynch de ensayar las escenas completas con los actores antes de rodar, de manera similar a como se hace en el mundo del teatro. Lynch aparece relajado y sonriente en todo momento, divagando sobre aspectos como la importancia que le otorga a la práctica de la meditación, su afición a la pintura, o las dificultades que le plantean las limitaciones para rodar con pocos recursos que ofrecía la tecnología en 1986. Posiblemente, los espectadores que acudieron al cine Prado ese día, fueron de los pocos privilegiados en poder disfrutar en una pantalla grande las singularidades y momentos íntimos del rodaje de lo que sería un clásico.
Chance 3: Wolfman,s Got Nards. Las circunstancias que rodean la gestación y resultados final en taquilla de la película The Monster Squad (estrenada en nuestro país con el horrendo título Una pandilla alucinante), son dignas de estudio. Lo que para muchos es ya un clásico maldito del cine fantástico de los ochenta, en teoría ofrecía una  prometedora premisa: Los monstruos más representativos de la Universal (Drácula, el hombre lobo, la momia, Frankenstein y la criatura de la laguna negra) viajan al presente para enfrentarse a un grupo de adolescentes aficionados al cine de terror, en busca de una joya que les permitirá conseguir la inmortalidad y dominar el mundo. Con un desprejuiciado guión urdido a cuatro manos por los todoterreno Shane Black y Fred Dekker, (co-responsables del reciente Reboth de la serie Predator) la colaboración del gran Stan Winston en el apartado de maquillaje, y un entusiasta equipo técnico y artístico que creía ciegamente en el proyecto, todo parecía confluir hacia un rotundo éxito en taquilla. Pero en su estreno en 1987 acabó sufriendo un sonado batacazo en taquilla, provocando la decepción de sus responsables e inclusive el abandono del mundo del cine de algunos los participantes. El documental dirigido por André Gower - intérprete de uno de los personajes adolescentes de la película original, y que finalmente no pudo acudir a Sitges tal y como se había anunciado-, postula por la idea de que la clasificación por edades con la que se etiquetó la película pudo ser la posible causa del fiasco en taquilla… Así como la exitosa Los Gonnies -con la que comparte bastantes similitudes- se clasificó para todas las edades, Monster Squad recibió la clasificación PG-13 (mayores de 13 años), generando un cierto rechazo de los padres a llevar a sus hijos a ver una película catalogada de violenta y con lenguaje soez. Se explica también como el filme encontró su público a través de la edición en VHS y posteriormente en DVD más de quince años después, generando una pequeña legión de fans que la han acabado convirtiendo en una película de culto. En el documental se exponen curiosidades como las argucias que tuvieron que ingeniarse los responsables de la película para esquivar la negativa de la Universal en permitir usar sus personajes tal y como aparecen en las películas originales, de manera que el maquillaje y las ropas de los monstruos que aparecen en la nueva versión difieren en detalles específicos de su modelo original. Analizando este fenómeno, Fred Dekker (director del filme original) se lamenta en pantalla de la suerte de la película, y (reconociéndolo como su mejor y más personal trabajo), concluye que es como si lanzaras una pelota de básquet, y tardaras quince años en encestar. En la parte más emotiva del documental los actores recuerdan con nostalgia al malogrado actor Brent Chalem, el cual falleció poco después de estrenarse la película, no pudiendo disfrutar del tardío éxito de su trabajo.
Chance 4: Trow Down. La presencia del director hongkonés Johnnie To es habitual en Sitges desde hace algunos años. De hecho, es el único director que ha ganado dos años seguidos en Sitges el premio al mejor director: con Breaking News en la edición de 2004 y con Election en 2005. La selección de una obra menor de Johnnie To como Trown Down para la sección Seven Chances, permitió disfrutar de la calidad de proyección en 4K de una película inédita en pantalla grande. Cabe decir que es precisamente en obras como la que nos ocupa, filmadas con un ratio de imagen anamórfico (cinemascope) donde se puede apreciar mejor la calidad de la proyección con 4000 píxeles de resolución horizontal en la magnitud y espacio de una sala de cine. El título Trown Down (algo así como ´derribado´) alude al mismo tiempo a la figura del luchador de judo que es derrotado en el tatami, y al loser protagonista de la película, un antiguo campeón de judo que ahora malvive como alcoholizado músico en un club nocturno frecuentado por la mafia, y que es asediado por las deudas que le provoca su adicción al juego. La repentina aparición de un joven que insiste en luchar contra él y de una aspirante a estrella del pop le dará una oportunidad de redimirse, formando un grupo tan peculiar como excéntrico. Drama, escenas de lucha, intriga típica de las historias de mafia china, flirteos con la comedia, temática y formalmente, Trow Down ofrece una mezcolanza de géneros y subgéneros cinematográficos, y ése es precisamente el factor más atractivo de la propuesta (y del cine de To): La imprevisibilidad de lo que el espectador está viendo.
Chance 5: La visita del vicio. Una artista solitaria acoge en su casa a una joven gitana que sufre pesadillas recurrentes en que es atacada por un hombre desnudo montado en un caballo. Mientras la relación entre las dos mujeres se estrecha, el misterioso jinete irrumpe en sus vidas en la realidad… De las siete propuestas escogidas para configurar la sección, ésta es la que resultaba más difícil de integrar, por ser la única que se alejaba de los parámetros y esencia de lo que puede considerarse género fantástico. Producida en las postrimerías de lo que se conoce como el “cine de destape español”, un visionado actual no ofrece más que el interés de comprobar la evolución social y cultural que ha experimentado el país en los últimos cuarenta años. Lo que en su momento era visto como un inquietante y erótico triángulo de relaciones peligrosas, ahora produce más un efecto (involuntario) de hilaridad en el espectador, que se saldó con más de una carcajada en su pase en el cine Prado. Buscando relaciones con el género fantástico y una (forzada) explicación a su inclusión en el festival, mencionar que el ya fallecido director José Ramón Larraz fue un auténtico outsider, dedicándose a la ilustración, el cómic, la literatura o el cine, y que en este último ámbito participó en la programación de la décima edición del Festival de Sitges (1977) con la producción británica Scream and Die, y que en la última etapa de su errática carrera como cineasta se encargó de títulos vinculados con el género de terror que gozaron de una cierta repercusión en el consumo del vídeo doméstico como Descanse en piezas y Al filo del hacha.
 

SECCIÓN NOVES VISIONS

 
Luz, del joven realizador Tilman Singer se anunciaba como la gran Outsider al premio final. La historia de una joven acosada por una maléfica entidad demoníaca, con reminiscencias del cine primigenio   del canadiense David Cronenberg. En realidad, es justo decir que la ópera prima del alemán Singer ofrece bastante más cosas. La joven Luz llega desorientada y agotada a una comisaría de policía. Una vez allí, y a causa de su alterado estado anímico, es atendida por un psiquiatra que resulta estar poseído por una entidad maléfica que iniciará un implacable duelo psicológico para dominar la personalidad de Luz. La película, de ajustado metraje y evidente modestia de recursos, genera desde los primeros compases una extraña sensación visual, al combinar los 16 mm de su fotografía con un (inusual) formato anamórfico: el ancho de pantalla del cinemascope contrasta con la granulada y densa imagen “hinchada” a 35 mm. La escena en la que un (supuesto) ente demoníaco con cuerpo de atractiva mujer posee al médico que se encargará de evaluar psicológicamente a Luz, evoca el cine del Cronenberg más setentero, con Shivers (1974) y Rabia (1976) a la cabeza. Con los personajes principales ubicados ya en el espacio único que ocupará la parte central de metraje (el despacho de la comisaria donde se cobija Luz), la estructura formal de la película “rompe" con la unidad de espacio y tiempo, con un lenguaje dramático en ocasiones más cercano al teatro que al cine. Se trata de una obra compleja que, a pesar de su apariencia de “película de terror”, alberga temas tan eclécticos como la incomunicación en la sociedad actual, el fanatismo religioso que puede llevar a la locura, la dominación psicológica o incluso la violencia de género. Y hay que decir que consigue el difícil equilibrio de conjuntar todo sin que el conjunto chirríe o caiga en el ridículo.
 The Unseen (Los últimos), de Nicolás Puenzo. El saqueo de los recursos naturales y la contaminación del agua para extraer minerales, transformó extensos territorios del altiplano andino en desiertos. En Noviembre de 2016, el presidente Evo Morales declaró el estado de emergencia por causa de la escasez de agua. Esta información -totalmente real y extraída de los periódicos- parecía prescrita para ser llevada a la pantalla con un formato y estilo propio del documental de denuncia al uso. Nicolás Puenzo (hijo del también director Luís Puenzo) utiliza este argumento para ofrecer una compacta y cruda historia de superación personal, y enmarcarla en una atmósfera propia del cine de anticipación y de distopía social y medioambiental. La película nos cuenta la historia de Yaku y Pedro, una joven pareja de refugiados que intentan huir de la miseria, cuando conocen a un veterano corresponsal de guerra llamado Ruiz que los ayudará a salvarse de las guerrillas que moran la zona. Los tres emprenden una dura travesía por el altiplano boliviano, devastado por la escasez del agua, y que a nivel de ambientación evoca escenarios comunes a películas como The Road (La carretera), El libro de Eli, e incluso la saga Mad Max. Puenzo apuesta por el carácter apocalíptico de la historia, y potencia el árido y omnipresente paisaje desértico, alternando la crítica social con el cuidado con el que describe las motivaciones que mueven a sus personajes. Tal y como proclama la protagonista, refiriéndose al ciclo recurrente de la pobreza: “Si la serpiente dejara de morderse la cola, por fin sería libre
   O club dos canibais, la cinta brasileña de Guto Parente. En cuanto a cine fantástico con vocación de crítica social, Brasil empieza a tener peso. Igual que en la edición pasada de Sitges sorprendió una película brasileña por su mordaz visión de la maternidad y la diferencia de clases, mezclada con la licantropía (As boas maneiras), este año le tocó el turno a O club dos canibais. Historia ambientada en un aparente resort de lujo de Brasil que en realidad oculta un club privado en la que los potentados caníbales que habitan allí se comen (literalmente) a los pobres a los que dejan entrar. La pareja formada por Gilda y Octavio   vive en el interior del resort —llamado «La fortaleza»— ajeno a la pobreza que les rodea a pocos metros, viviendo su vida disfrutando de todos los placeres terrenales, y de la ingestión de carne humana. La película transita por los territorios de la comedia y el terror, sin eludir escenas en las que el sexo y la violencia explícita flirtean con el gore. Sátira feroz sobre la lucha de clases e incluso la de sexos. Comedia de un humor negrísimo en la que los potentados se comen literalmente a los desamparados. En medio de tanta propuesta convencional y plana, no hubiera desentonado en la sección oficial fantástica…
   The Green Fog, de Guy Maddin, Evan Johnson y Galen Johnson. Proyectada en la sala alternativa Tramuntana, en paralelo a la clausura que se celebraba al mismo tiempo en el gran Auditorio, se puede considerar The Green Fog como la auténtica película “tapada” de la edición del festival, afirmando que posiblemente fue la apuesta más atrevida y sorprendente de toda la programación de este año. Con el supuesto pretexto de realizar una relectura del clásico de Hitchcock Vértigo (un Macguffin hitchcokiano en toda regla), y tomando como material escenas de películas y series de televisión que tienen la ciudad de San Francisco como escenario, los artífices de esta singular obra plantean al espectador el reto de hilvanar una sucesión de escenas -en principio inconexas entre sí- que , junto a una banda sonora creada para la ocasión por el compositor Jacob Garnich, evocan sentimientos, emociones e incluso interpretaciones y escenas propias del cine de Hitchcock. Debo decir que, a pesar de las reticencias que me planteaba tal premisa, a los pocos minutos me sentí literalmente absorto ante lo que estaba presenciando. Pocas veces se ha visto en pantalla una utilización del montaje tan audaz e imaginativa como en este caso: La emotividad y el amor con que los autores muestran el San Francisco de celuloide, comparte plano con la ironía y el humor. Multitud de escenas de películas filmadas en San Francisco (Harry el sucio, El coloso en llamas, La invasión de los ultracuerpos, La conversación, y muchas más) son usadas para crear una (ilusoria) concatenación de acciones, generando una sensación de extrañeza en el espectador. Al “cortar” la escena justo en el momento en el que el personaje que aparece se dispone a hablar, y volver a montar justo cuando ha terminado su diálogo, además de parecer una animación en Stop-Motion, se produce un claro efecto de comicidad. Otro ejemplo de lo meritorio de la propuesta se encuentra en las escenas en las que los autores seleccionan fragmentos de distintas interpretaciones del “no actor” Chuck Norris . Con evidente retranca, los autores insertan secuencias en las que Norris supuestamente está triste, pensativo o seductor, y los compases melódicos de Garnich, junto al montaje logran que Norris interprete emociones por primera vez en su carrera! Sugerencia, atrevimiento, humor, transgresión y ruptura de la caligrafía fílmica al uso: más allá de pirotecnias hemoglobínicas, el fantástico también está ahí.
   Ghosthunter, producción proveniente de Australia, dirigida por Ben Lawrence. Jason King, el corpulento y algo simplón protagonista de este documental, es presentado al principio de la historia como un personaje simpático y voluntarioso que alterna su trabajo con la obsesión de descubrir el paradero de su padre desparecido años atrás. King combate los traumas que arrastra debido a una infancia marcada por la sombra de los malos tratos, ayudando de forma altruista a personas que se ven acosadas en su domicilio por supuestos fantasma. La extrañez se apodera del relato, cuando se empiezan a mostrar aspectos incómodos de la personalidad del protagonista, revelando un carácter violento y colérico con las personas de su confianza, mientras una investigación policial revela lo que era una sospecha hasta el momento: el carácter de pedófilo y depredador sexual del desaparecido padre. El documental juega con mucha habilidad, y sin caer en el morbo gratuito a la hora de generar la duda de si el protagonista además de arrastrar el ominoso fantasma del padre, estará repitiendo el violento comportamiento de éste último.
 

CONCIERTO DE JOHN CARPENTER
 
La figura del cineasta estadounidense John Carpenter ha estado siempre unida a Sitges. Películas como The Thing, Big trouble in Little China, Ghosts of Mars o Encerrada, fueron proyectadas en pasadas ediciones del festival. Cerrando el círculo, en 2005, Carpenter dirigió el octavo episodio de la primera temporada de la serie de TV Masters of horror, que con el título Cigarette burns mencionaba en su trama “al más terrorífico film de horror, proyectado en una edición del festival de cine de Sitges (sic)”, y provocando una auténtica orgía de sangre y mutilaciones entre los espectadores que acudieron a dicho pase…” Parecía inevitable pues que un día u otro Carpenter y Sitges se conocieran personalmente. Ésta ha sido la edición en la que se ha producido dicho encuentro. Además de presentar fuera de concurso el (clónico) remake/continuación de La noche de Halloween dirigido por David Gordon Green (Joe), y proyectar como retrospectiva la película homónima original,el último día del festival (pocas horas antes de la ceremonia de clausura), tuvo lugar un concierto con el que John Carpenter y su conjunto repasaron tanto las piezas musicales clásicas de su filmografía, con el aliciente de proyectar imágenes en pantalla de las películas a las que pertenecían. El concierto que tuvo lugar en Sitges forma parte del tour que Carpenter y su hijo Cody están realizando junto a su banda, y que culminará en el Hollywood Palladium de los Angeles el próximo mes de noviembre, coincidiendo con la noche de Halloween.
Fiel a su estilo -es sabido que Carpenter es el compositor de casi todas las bandas sonoras de sus films-, el concierto satisfizo a la legión de fans que coparon la platea del Auditorio de Sitges, gozando de una magnífica acústica. Quizás por tratarse de un evento de cine fantástico, quizás por el fervor con el que el público de Sitges aclamó a Carpenter al finalizar el concierto, se alargó con un bis de seis temas adicionales a los que integraban el programa. Tal vez no sea un genio de la composición y la melodía, pero Carpenter consigue algo que muchos cineastas no lograrán jamás: la comunión absoluta de imágenes y sensaciones con la música que la acompaña. Los melancólicos compases de Vampires, la rítmica, repetitiva y amenazadora sintonía de Halloween, o la suave, brumosa y terrorífica música de The fog, pertenecen al genio y la imaginación de quien siempre ha sido fiel al género del horror.
 
 

SESIONES ESPECIALES Y EPÍLOGO

 
Como si de unas calificaciones de final de curso se tratara, vamos a intentar mencionar aspectos que, a mi parecer, son dignos de analizar:
Excelente encontramos la, cada vez mayor repercusión del festival en los medios informativos y su continuo crecimiento. Esta es una realidad incuestionable. Tal y como anunciaron los organizadores, el crecimiento del festival acumula un 15,9 % en las últimas cinco ediciones. Las (literalmente) quilométricas colas lo atestiguan.
En este apartado también destaca la cada vez más normalizada presencia de figuras de la magnitud de Ed Harris, Nicolas Cage, Peter Weir o M. Night Shyamalan. De todas formas, ésta ha sido una edición en la que las ruedas de prensa han sido más bien escasas, con el consiguiente déficit de comunicación entre la prensa y los invitados. La coincidencia con los múltiples pases lo hace inevitable cada vez más.
Notable fue el control y la gestión de los tiempos de proyección en cada uno de los cines. A pesar de los inevitables retrasos en el inicio de algunas películas, se nota -y es justo destacarlo- el esfuerzo de los responsables de cada sala por respetar horarios.
Debería prestarse atención a que dicho crecimiento no “engulla” la esencia del festival y la coherencia de su pantagruélica propuesta: Asistir al festival en calidad de espectador exige unas dosis de organización y suerte a la hora de seleccionar que ver, que en ocasiones puede llegar a ser extenuante. Pese a ello, se ha hecho caso a algunos medios y la reserva de entradas se pudo hacer una semana antes.
Podría mejorarse un mayor rigor y criterio a la hora de seleccionar la programación. Poniendo dos ejemplos puntuales, y salvando las distancias de uno a otro, no tiene demasiado sentido la inclusión en Noves visions (propuestas rompedoras y alternativas) del, por otro lado interesante, documental Desente rrando Sad Hill que se alzó con el galardón a mejor película de la sección, teniendo en cuenta que su estreno en salas comerciales tuvo lugar sólo dos semanas más tarde de su proyección en Sitges.
Hablando de criterios de selección, el caso más flagrante de falta de rigor o de control de mínima calidad de las últimas ediciones de Sitges, tuvo lugar con la inclusión de una tomadura de pelo llamada Bocadillo. Se vendió la sesión como una película dirigida por un conocido youtuber, llegando a promocionarla con un (falso) tráiler y con varias ruedas de prensa. En realidad, la (abarrotada) sala del cine Retiro asistió entre atónita e iracunda a una secuencia que se repite en bucle durante más de media hora. El resultado: A media proyección los abucheos e insultos a los responsables de la majadería fueron unánimes. No vale ni el pretexto de que era un “experimento” ni que la presencia de los autores de vídeos virales de internet son el futuro. Me remito a la cantidad de jóvenes de nuestro país que venderían su alma al diablo por la oportunidad de disponer de una sesión del festival en la que presentar su trabajo, y por respeto a ellos se agradecería al festival que tuviera más atención a la hora de programar.
De decepecionante cabría calificar la última de las “maratones” oficiales del certamen (la que tuvo lugar en el Auditorio), obligó a los asistentes a practicar un acto de masoquismo cinéfago sin parangón. Hay que ponerle muchas ganas para aguantar hasta las siete de la mañana la soporífera propuesta ofrecida como “final de fiesta”. A excepción de la primera película proyectada, la a ratos estimulante Malos tiempos en el Royale, (dejando de lado las trampas que contiene y que es deudora del esquema formal de Los odiosos ocho de Tarantino) se deja ver a pesar de su larga duración. Los ronquidos empezaron a solaparse con la proyección de la segunda propuesta: “Illang: la brigada del lobo, otras casi dos horas y media en el que el interesante Kim Jee-woon se adentra en un galimatías argumental en el que sólo destacaron los estruendosos efectos de sonido que despertaban al público entre cabezada y cabezada. Para terminar la fiesta, no se entiende a quién se le pudo ocurrir programar un engendro como Victor Crowley, artefacto visual que hace parecer una obra de arte y ensayo cualquier película de la productora Troma. Mal sabor de boca para despedirse del festival.
Por otra parte, progresa adecuadamente la presencia de la realidad virtual (VR) en el festival. Este año se acondicionó el Centre Cultural Miramar para ofrecer la posibilidad de ver (de forma gratuita) muestras de lo último en ficción de realidad virtual, por medio de gafas estereoscópicas. De todas formas, la aglomeración de espectadores hizo que se agotaran todos los pases, por lo que sería interesante potenciar la sección o incluso oficializarla.
Por último, reconocer el esfuerzo, no así sus resultados, que se hizo en el tema de ls exposiciones. Entre ellas, las exposiciones dedicadas a Pepe Carvalho y a los pósters originales italianos de películas de terror españolas, sobresalieron por encima de la homenajeada 2001 o el slasher. No obstante, de las nueve exposiciones que hubo, la mayoría de ellas pasaron inadvertidas al público. Sería bueno que se tomara como modelo la espléndida exposición que le dedicó el festival al mito de Frankenstein en 1987, con el archivo del coleccionista Luís Gasca, y que todavía muchos guardan en el recuerdo. Mejor una buena exposición que un montón de ellas que se centran sobre todo en plafones con fotografías.•
 
M. R.
 

⇒  PALMARÉS DE LA 51 EDICIÓN DEL FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE FANTÁSTICO DE SITGES