III EDICIÓN BCN FILM FESTIVAL 2019
Entre los días 23 y 30 de abril de 2019 se celebró en la Ciudad Condal la III edición del BCN Film Festival con el propósito de consolidar una oferta cultural en el marco de la festividad de Sant Jordi, patrón de Catalunya. Con la nueva dirección a cargo de Conxita Casanovas el certámen barcelonés ha potenciado las sección a competición y ha querido premiar
En estreno
 
ESPECIAL MIKE LEIGH (PARTE I, 1971-1999)
En la III edición del BCN Film Festival una de las personalidades más destacadas que visitó la Ciudad Condal fue Mike Leigh (n. 1943), en plena promoción de su última producción hasta la fecha, La tragedia de Peterloo (2018). Con motivo del estreno de esta sugerente propuesta que recupera un episodio de la historia de Inglaterra (concretamente, de la ciudad de Manchester de donde es oriundo el menudo realizador y guionista) que sucedió hace doscientos años, hemos considerado oportuno en cinearchivo.net publicar un dossier dedicado a la obra cinematográfica de Mike Leigh. Para la primera parte del Especial damos acomodo al análisis de sus siete primeros largometrajes, entre los que se cuentan Grandes ambiciones (1988), Naked / Indefenso (1993) y Secretos y mentiras (1996), este último el título que puso a muchos aficionados sobre la pista de Mike Leigh.
ADIÓS A LA ACTRIZ DORIS DAY, CASI CENTENARIA
El pasado día 13 de mayo falleció a los noventa y siete años de edad Doris Day (1922-2019), una de las actrices norteamericanas más populares de la década de los cincuenta y de los sesenta del siglo pasado. De ascendencia germana, Day cuativó a
51 EDICIÓN FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE FANTÁSTICO DE SITGES
El peligro que conlleva seleccionar dentro de una parrilla de cintas en cualquier certamen que incluya una competencia entre las películas presentadas, resulta ya de por sí harto difícil. Si a ello, añadimos las restricciones propias de la abultada programación y demanda de entradas, nos vemos en la obligación de escoger entre el grano y la paja, aún sabiendo que en muchos
LA SOCIEDAD LITERARIA Y EL PASTEL DE PIEL DE MANZANA (2018)
Mientras la ciudad de Londres empieza a recuperarse tras la Segunda Guerra Mundial, la joven escritora Juliet Ashton busca el argumento para su próximo libro. Un día recibe una carta de un desconocido en la que le presenta a un curioso club de lectura: La Sociedad Literaria y del Pastel de Piel de Patata de Guernsey. Intrigada por estos excéntricos personajes, Juliet decide viajar a esta pequeña isla, sin saber que encontrará mucho más que una gran historia.
LA BANDA SONORA DEL MES: «FIRST MAN (EL PRIMER HOMBRE)» (2018)
Había una gran expectación ante el nuevo proyecto de Danielle Chazelle tras sus dos reconocidos films vinculados (de modo diferente) al mundo de la música, Whiplash (2014) y La La Land (2016), saldados con un gran rendimiento en taquilla además del éxito artístico significado en los tres Oscar® obtenidos por la primera y los seis de la segunda. En este sentido, la pareja artística formada con el compositor Justin
EL LIBRO DEL MES: «JOHN WILLIAMS: SINFONÍAS DE UN NUEVO MUNDO»
Hablar de John Williams es hacerlo no solo de un icono de la música cinematográfica, sino de la música en general. Nacido en Long Island en 1932, estudió composición y piano en la Universidad de California y completó sus estudios musicales en la Escuela Juillard de Nueva York. En sus inicios
FILMS DE CULTO DEL SIGLO XX (TOMA 110): «LOS PASAJEROS DEL TIEMPO» (1979)


El 7 de septiembre de 1979, en el marco del Toronto Film Festival (aún sin la aureola de la que ha gozado de un tiempo a esta parte) tuvo lugar la premiere mundial de Los pasajeros del tiempo (1979). Prácticamente transcurridos cuarenta años desde su puesta de largo,
Time After time sigue ganando el favor de aquellos espectadores que buscan propuestas que se salgan de los márgenes de los convencionalismos. En cinearchivo.net dedicamos un artículo a esta peculiar cinta dirigida por Nicholas Meyer, asimismo artífice de la novela que diera pie a Los pasajeros del tiempo, en la que comparecen antes las cámaras Malcolm McDowell (sin duda, al final de su particular «década prodigiosa», en que da cobertura al escritor Herbert George Wells) y Mary Steenburgen, quienes acabarían siendo pareja en la vida real. 
    
 
Por Lluís Nasarre

«Hace noventa años yo era un fenómeno, ahora soy un aficionado»
John Leslie Stevenson en Los pasajeros del tiempo
 
Salto al vacio
 
Avezados espectadores que aborden por vez primera el visionado de un film como Los pasajeros del tiempo (1979) tendrán la primigenia impresión de hallarse ante una nueva versión de la famosa novela La máquina del tiempo que el inglés H(erbert) G(eorge) Wells (1966-1946) publicó en los últimos coletazos del siglo XIX. Una novela que disfruto de sendas adaptaciones para la gran pantalla por obra y gracia de George Pal en 1960 con El tiempo en sus manos la primera o el bisnieto del propio escritor Simon Wells, en la segunda, el cual acometería su particular adecuación en el año 2002 con La máquina del tiempo. Esa sensación reseñada nace, a pesar de un prólogo que comentaremos más adelante, a partir de esa cena de amigos en la que el mismísimo Wells les muestra a unos amigos una máquina de su invención en la que ha depositado (utópicas) esperanzas para llevar a cabo saltos en el tiempo. No obstante, ese instante revelador, se ve rápidamente alterado al entrar en escena la policía, la cual está buscando a Jack El Destripador ya que se acaba de cometer un nuevo crimen con la irrefutable firma del célebre asesino. Esa irrupción, relacionada con el referido arranque del film donde el espectador visionaba (de modo subjetivo) el asesinato de marras, sirve para que un colega/invitado a la cena de Wells, el cirujano John Leslie Stevenson, se posicione como candidato ideal para dar rostro al Destripador ya que la bolsa de la cual era portador contiene les indicios necesarios (ropa con muestras de sangre) para dar forma a ese supuesto. Un supuesto, conclusivo, por la desaparición instantánea de Stevenson del lugar debido a renglón seguido de la aparición de los miembros de Scotland Yard. Posteriormente, y quedando ya Wells sólo en su casa, bajará al sótano donde está su invento y certificará que éste ha desaparecido. Su otrora amigo, del que ya no tenemos ninguna duda de que es Jack El Destripador, ha escapado en su máquina a algún lugar del tiempo. No obstante, Wells, previendo posibles eventualidades, asimismo ha ideado un dispositivo (una llave que obra en su poder) que hace retornar a la máquina esté donde esté. Un regreso que al producirse, sin su pasajero, nos alerta que el viaje ha llegado hasta el San Francisco del año 1979. Una situación por tanto, que fulmina de golpe todas sus dudas de llevar a cabo pruebas con su máquina y le impele a seguir a Stevenson ya que en cierta manera, aunque de un modo indirecto, se siente responsable del tránsito al futuro de un peligroso asesino. Provisto de joyas y de algo de dinero se introduce en su máquina y “salta” hasta ese año, apareciendo en el interior de un museo que alberga una exposición dedicada a su persona. A partir de ese instante, iniciando la búsqueda, Wells ira trabando contacto con una realidad diferente a la suya a pesar de “descubrir” algunas cosas que él, en su época, ya presumía. Su necesidad de efectivo le hace deducir que Stevenson ha debido de encontrarse en la misma tesitura, de ahí que empiece a indagar en ciertos bancos, para ver si alguno de los trabajadores de los departamentos de cambio de moneda recuerda a alguien con sus mismas características. Es así como conoce a Amy y a través de ella como conseguirá dar con Stevenson. En su reencuentro con este en un hotel, Wells amistosamente, procura convencerle para que vuelvan a su época, pero el asesino burlándose de su ingenuidad, le coloca frente a un televisor que emite noticias de actualidad y le alerta de que, en 1979, la violencia desarrollada es superior a la de su época y que ante ese panorama, él, el Destripador “es un aprendiz pero que se siente como en casa”. Wells apesumbrado por esas revelaciones se despista y es atacado por Stevenson el cual logra escapar, aunque no consiga arrebatarle la llave que le daría el control total sobre la máquina del tiempo. Una fuga que ha de dar pie a idénticos asesinatos que los que llevaba a cabo en el Londres victoriano, a pesar de los intentos de Wells, secundado por Amy (que a la postre acaba convirtiéndose en una futura victima), por detenerlo.
En este punto, Los pasajeros del tiempo se instala en el campo del cliché de habituales thrillers americanos. Dos personajes (Wells y Amy) que, siendo ignorados por la policía (es evidente que sus argumentos —verdaderos para el espectador— y su credibilidad no son sostenibles- deciden ir ellos mismos tras los pasos del asesino. Cabe decir que en esta ocasión a su favor tienen el factor tiempo: La máquina. De ahí que leyendo un diario puedan conocer la identidad de la víctima y viajando al pasado procurar detenerlo antes de que cometa su crimen, ya que además, tienen la fortuna de afiliar a su bando algo tan recurrente en este tipo de argumentos como pueden ser las paradojas.
   Ahora bien, cuando me refiero a la utilización de clichés, mi intención no es otorgarle a su uso un sentido negativo que coloque al film en esa sentencia de más de lo mismo. Es verdad que la película se ampara en ellos. No obstante los utiliza para orquestar una historia amparada en la originalidad y en el puro entretenimiento cinematográfico y de paso,  radiografiar (someramente) y criticar algunos de los aspectos de la sociedad moderna.
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El mundo en sus manos
 
El germen del film cabría buscarlo en la novela de Karl Alexander Time after time la cual pareció concebirse con el propósito del sentido homenaje (dando un giro argumental, mezclando ficción y realidad) tanto a la novela de La máquina del tiempo como su escritor que había de ser considerado como uno de los padres de la ciencia ficción. La novela, que enfrenta a dos referenciales e históricos personajes, llamó la atención del escritor y cineasta Nicholas Meyer. Un Meyer que, en su primer laboro para la industria, firmaba como responsable del libreto de Invasion of the Bee Girls (1973) un serie B de la época que desconozco pero que según las crónicas, no habría de caracterizarse por su condición de imperdurabilidad. Tras ese escarceo, a continuación  publicaría en el campo editorial The Seven-Per-Cent Solution; un pastiche holmesiano con la particularidad de reunir al célebre investigador nacido de la pluma de Conan Doyle, Sherlock Holmes con el Dr. Sigmund Freud en una trama en la que tanto el universo del personaje de Baker Street como la importancia de la adición a la cocaína de su protagonista, requieren de la ayuda del famoso psicoanalista. La novela, un éxito de ventas, alcanzó formato fílmico cuando Herbert Ross se hizo cargo de ella de un modo tan atractivo que clama por una revistación y provocó que Meyer, como de reuniones de celebridades se trataba, por un lado completará el guión de los viajes en el tiempo pergeñados por su amigo Karl Alexander y por el otro, al tener los derechos de la novela, afianzara su persona en la silla del directed by. La Warner acepto de mala gana y Nicholas Meyer llevó a cabo su ópera prima.
    Vista su filmografía como realizador, es evidente que el sello de autor no está impreso en ella. A parte del film motivo de este comentario y del segundo episodio cinematográfico realizado en el año 1982 de la saga de Star Trek —La ira de Khan (1) que había iniciado Robert Wise en 1979, los trabajos para cine de Meyer -televisión a banda- no suponen más que el calificativo de aplicado ilustrador del guión que tiene entre manos. Empero con Los pasajeros del tiempo consiguió la que es, en mi opinión tanto su mejor película como una de las versiones acerca de los viajes en el tiempo, más interesantes que se han realizado a nivel cinematográfico.  
       Independientemente de su valor de puro entretenimiento al que ya hemos hecho alusión, el film de Meyer se beneficia sobremanera de sustentar su dramaturgia sobre las peripecias de sus (atractivos) personajes principales. Echando mano de la firmeza de sus raíces biográficas, Meyer, como eje vertebrador del relato, se sirve de la (amable) figura de Wells en su búsqueda y captura de un infame maníaco homicida, para fundamentar el éxito de su propuesta. En todo momento el espectador es consciente que Jack/John Stevenson continuará su labor donde la dejó…asesinando brutalmente mujeres pero ahora en San Francisco y Wells, que había anticipado el tema del amor libre en la cena que abre el film, se encontrará con una sociedad poseedora de un índice de violencia nada desdeñable pero que en cambio, las costumbres sexuales de la población de la época están en las antípodas de las de la era victoriana y en cierta manera escoradas hacia lo que él había vaticinado, siendo tildado por ello de escandaloso. Además, a mi juicio, otro de los activos logrados por Meyer, es el de plasmar en escena los aspectos adscritos a la ciencia ficción con la perspectiva de Wells; respondiendo este a partes iguales con curiosidad y/o consternación ante la evolución de la humanidad en ese lapso de tiempo que existe entre el Londres de final del siglo XIX y los Estados Unidos del último tercio del siglo XX. Y tal comportamiento, en cierta manera, es consecuencia tanto del particular carácter del escritor como del hecho de que, ante el nuevo horizonte que está contemplando, su capacidad de comprensión para con ello, es bastante creíble ya que, no debemos olvidar de que Wells a descubierto a la bestia que los seres humanos puede llevar dentro (…Mr. Hyde…Jack El Destripador se apellida Stevenson, como el autor de El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde) a raíz de los crímenes acaecidos en su tiempo por su amigo cirujano y que, en 1979, sabe aclimatar su crueldad de un modo totalmente verosímil. Y en esa opción cinematográfica,  no existe ni un ápice de esa ingenuidad a la que aluden voces discrepantes con el film. Es obvio que la persecución que plantea el film de ambos personajes a través del tiempo no es realista. Ni lo es ni lo pretende. Los pasajeros del tiempo establece sus reglas dramáticas desde su principio y, sin engañar en ningún momento al espectador, las mantiene hasta el final. Aunque ofrezca un final convencional para el agrado del respetable. Incluso ese romántico happy end encaja perfectamente con lo desarrollado por los personajes a lo largo del film. El vínculo que se establece entre ambos, curioso amen de romántico, lo utiliza Meyer para ofrecer un punto de vista sutil por un lado y de mensaje esperanzador para la humanidad por el otro, ya que de ese modo, vaticina que si dos personajes tan diferentes pueden concluir y armonizar en muchos aspectos, ello también ha de ser posible para el resto del género humano. Según los dictados de la obra de Wells —socialista convencido—, las personas deciden su camino a seguir. En ese camino existen aspectos como barbarie y codicia (El hombre invisible,La isla del Dr. Moreau, La Guerra de los Mundos) pero él estaba convencido de que el avance, en positivo, siempre había de suponer mayor recompensa.
    Los pasajeros del tiempo disfruta de un ingenio enorme, suspense y un equipo artístico de garantías entre los que sobresalen Malcolm McDowell como Wells y David Warner en la piel de un villano memorable, además de una nostálgica banda sonora de Miklós Rózsa que otorga atemporalidad y un cierto clasicismo a un film que, peligrosamente, podía no haber soportado el paso de los años como cualquiera de esas películas que pretenden (y se ofuscan) por emulsionar ese futuro cercano.•       
 
 
 
 

(1)  En 1991 también se haría carga del sexto Aquel país desconocido.

Próximo título a publicar (16 de junio de 2019):   

LOVE ME OR LEAVE ME (1955, Charles Vidor)

(Homenaje a Doris Day) 

 


Histórico de «Films de culto del siglo XX»


 

ACT OF VIOLENCE  (1949, Fred Zinnemann)
     (1971, Richard C. Sarafian)
MÁS RÁPIDO QUE EL VIENTO (1958, Robert Parrish)