IV EDICIÓN DEL BCN FILM FESTIVAL '020
No faltó a su cita anual, desde hace cuatro años, este Festival de Cine Internacional de Barcelona, con visos de perpetuarse en el atribulado mundo de los certámenes cinematográficos que envuelven la geografía nacional, con especial énfasis en el cine extraído de la literatura. Esta fue una apuesta basada en la incertidumbre de cuándo y cómo tendría lugar la presente edición. En un primer momento, antes de la irrefutable pandemia, su ubicación restaba en período primaveral, inmediatamente después de la adecuada fecha del 23 de abril, día de Sant Jordi y del libro, por extensión. Sin embargo, las malas (pésimas) noticias hicieron reaccionar a la organización de que posponer el Festival dos meses después –calculando fases de escalada y desescalada, así
En estreno
 
ESPECIAL «EL RESPLANDOR» (40 ANIVERSARIO)
Abundando en la importancia que sigue cobrando el cine de Stanley Kubrick en infinidad de cineastas, algunos de los cuales nacidos en el presente siglo, en cinearchivo.net dedicamos un dossier a El resplandor (1980) en el cumplimiento del 40 aniversario de su fecha de estreno. En ese periodo el onceavo largometraje realizado por Kubrick despertó bastantes críticas incluso en los que se consideraban seguidores y/o admiradores de su cine. El paso del tiempo ha propiciado una oleada revisionista al punto que hoy en día admite poca discusión que estamos ante un clásico del género de terror contemporáneo. En cinearchivo.net publicamos un total de siete artículos que abordan otras tantas perspectivas sobre el contenido y el «continente» de The Shining, sumándose de esta forma a la larga lista de artículos que se pueden consultar en la web relativo al cine de Stanley Kubrick.
FALLECE EL DIRECTOR BRITÁNICO SIR ALAN PARKER
El pasado 31 de julio conocíamos la triste noticia del deceso de Sir Alan Parker, a los setenta y seis años de edad, en la ciudad de Londres. Aquejado desde hace años de problemas de salud, Parker se había retirado de la práctica cinematográfico a comienzos del presente siglo después de treinta años en el medio. Desde entonces ejerció labores de activismo social y humanitario a través de distintas entidades (entre ellas, la UNICEF), presidió en British Council y la Academia de Cine Europeo,
52 EDICIÓN DEL FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE FANTÁSTICO DE SITGES'019
Lo primero que nos viene a la retira ante el estreno de un Festival de Cine con mayúsculas como el de Sitges es su presentación a la sociedad en forma de póster y reflejo a la vez de aquello que será homenajeado a simple vista. Normalmente, identifica a un título dentro de una efeméride elegida casi al azar. Este año era el turno de Mad Max, salvajes de autopista (1979).
ROMA (2018)
Colonia “La Roma”, Ciudad de Méjico, año 1971. Cleo es una ama de llaves que trabaja en la casa de una familia de clase media en Ciudad de Méjico, compuesta por el matrimonio, los cuatro hijos, la abuela y el perro. El día a día va uniendo a la familia con Cleo, cuando el padre de familia se va, Aparentemente a Canadá a un congreso médico, y cuando Cleo queda embarazada
JOKER (2019)
Tras la sorpresa causada por la obtención del León de Oro del Festival de Venecia de este año, 2019, la película de Todd Phillips ha llegado a las pantallas para que el espectador pueda por fin comprobar cómo un film adscrito, en principio, a un género tan codificado como el de los superhéroes (cabe recordar que el Joker es popularmente conocido como el máximo rival y supervillano de
STAR WARS: LOS ARCHIVOS (EPISODIOS IV - VI: 1977-1983)
En 1971 George Lucas recibió veinte mil dólares por dos años de trabajo en la cinta distópica THX1179 que escribió y dirigido. Siete años más tarde, el cineasta californiano se convirtió en uno de los Golden boy
FILMS DE CULTO DEL SIGLO XX (TOMA 122): «PESADILLA DIABÓLICA» (1976) (ESPECIAL «EL RESPLANDOR» 40 ANIVERSARIO)


Fallecido hace catorce años a Dan Curtis (1928-2006) se le debe haber creado Dark Shadows (1966-1971), una de las series televisivas más impactantes concebida en suelo británico referida al género de terror, su auténtica especialidad. Debido, en parte, a su dedicación a esta serie objeto de culto Dan Curtis tan solo pudo dirigir cuatro largometrajes, destacando con luz propia Pesadilla diabólica (1976) —en el original Burnt Offerings, idéntico al título de la novela de partida escrita por Robert Marasco—, abonada al subgénero de «casas encantadas» y que podríamos considerar una suerte de precedente british de El resplandor (1980) en no pocos aspectos. De los puntos de conexión entre el film dirigido por Curtis (con la veterana Bette Davis entre su reparto) a mediados los años setenta y el film dirigifo por Kubrick nos ocupamos en el presente artículo.   
 
   
Por Lluís Nasarre

«La casa se cuida sola»
Roz Allardyce (Eileen Heckart) en Pesadilla diabólica (1978)
 
Considero que la década de los setenta devino un periodo fructífero en cuanto a historias cinematográficas con casas encantadas de por medio. Quedando atrás los modos de los sesenta con realizaciones importantes de la mano de nombres como William Castle, Jack Clayton o Robert Wise —sin olvidarnos de Danza macabra (1964)—, una nueva hornada de directores, más osados, se atrevieron en ese ámbito con plots que adolecían de aquellos finales complacientes que, en ocasiones, planeaban sobre algunos de esos films. Durante la década de los setenta, películas como La leyenda de la mansión del infierno (1973), Terror en Amityville (1979), La centinela (1977), Suspiria (1977) o Al final de la escalera (1980), más o menos brillantes, poseían en común (en su disposición), su carencia de respeto a preceptos morales. En 1973, Robert Marasco publicaba con cierto éxito la “novelita” Burnt Offerings que fue adaptada en formato de guion cinematográfico por William F. Nolan para que Bob Fosse, tras Noches en la ciudad (1969) y Cabaret (1972) afrontara el desafío de dirigir una oscura historia de terror en contraposición a las intenciones estilísticas de sus (precedentes) aventuras musicales. Sin embargo ese envite no llegó a prosperar, entrando en liza Dan Curtis, un reputado hombre del ámbito televisivo —principalmente Sombras en la oscuridad (1966-1971) y sus 1.225 episodios—, el cual sumamente interesado en el proyecto, para hacer caja y poder materializarlo, no dudo en venderle a Sergio Leone los derechos que ambos poseían sobre la novela de Harry Grey The Hoods; circunstancias propiciatorias para que, tanto el cineasta romano, con el tiempo, acabara realizando su última (y magistral) película Érase una vez en América (1984) como para que Curtis pudiera acometer bajo su total control el film resultante de la novela de Marasco y que acabo titulándose Pesadilla diabólica (1976). Curtis que había leído el original literario en el momento de su publicación, valoró algunos cambios sustanciales respecto a este para su adaptación fílmica. Al realizador americano no acababa de gustarle el final abierto que se daba en la novela, por lo que decidió modificar esa conclusión amén de añadir toda una serie de flashbacks funerarios –los que atañen al chofer riendo- que remitían a un episodio de su infancia.   
   El film, rodado en 1975 durante treinta días aprovechando la estructura natural de una casa real localizada en Oakland, California —que asimismo sirvió para el rodaje de Phantasma (1979)—, se convirtió en una de las películas de terror más populares de la época, merced a su atinada (y efectiva) conjugación de contenido dramático y lenguaje visual. A título personal, desdeño una vez más la opción de la que disfrutan los distribuidores españoles para cambiar los títulos de las películas. A mi juico, el de Pesadilla diabólica va en detrimento de ese “ofrendas quemadas” del original, que, de salida, ya hubiese dado pie a aspectos más sugerentes e incluso más místicos en su vertiente de potente carga de horror psicológico/sobrenatural de una casa maldita que influye en la vida de las personas (regenerándose/mejorando al nutrirse de ellas hasta marchitarlas) haciendo total hincapié, no tanto en el apartado de los efectos especiales (que los tiene y muy correctos), como en el del diseño de los propios protagonistas.
    Terciando esa línea dramática, es normal que el film de Dan Curtis se nos antoje como un precedente significativo del célebre El resplandor (1980). Del igual modo que en la adaptación de la novela de Stephen King, en Pesadilla diabólica también focalizaremos a una familia (los Rolf para Dan Curtis, los Torrance para Stanley Kubrick) en un inmueble aislado, así como -siendo testigos de excepción- de las misteriosas influencias que destila ese inmueble para las relaciones entre los personajes; poseedores estos, ya antes de llegar a él (una —destartalada— casa del siglo XIX en el caso de Curtis y un hotel en el de Kubrick) de su particular drama interno. Un drama que ha de hacerse aún más evidente a partir de que, tras el prólogo y la presentación de personajes, el inmueble empiece a manifestarse. Ambos films comparten en su arco argumental que en ese lugar, “un algo” invisible e inmortal permanece agazapado y tiene el poder de controlar a la casa ó al hotel a su voluntad. “Un algo” que, según tradiciones Lovecraftianas, nunca ha muerto y no puede morir; teniendo la particularidad que el horror que emana no dimana de fuerzas demoníacas o de la aparición de fantasmas en una casa, ya que el horror proviene del edificio en sí. Sin embargo, ese tono de obsesión que se utiliza para arropar ambos films, difiere en cierto modo. Eludiendo el ejercicio de las comparaciones de logros artísticos entre ambas películas, ya que, con toda probabilidad el film de Kubrick, saldría como claro vencedor (independientemente de que para quien esto firma es uno de sus films más sobrevalorados), por poco que nos detengamos en la película de Curtis, las preguntas que nos asaltan como espectadores, una vez la casa empieza a tomar cartas en el asunto, no pueden resultar más evidentes. ¿Quién o qué se esconde en esa casa? ¿Quién es realmente, la anciana que Marian (Karen Black) debe cuidar? ¿Porque las piscinas o las camas vuelven a los personajes agresivos o les causan un inexplicable abatimiento al que es muy difícil eludir? Unas preguntas que, si traslados a El resplandor no tienen tanto sentido, ya que, en el trabajo del responsable de ¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú (1964) y siendo juiciosos con el proceso de elaboración concienzuda que suponía cada película para el realizador, somos conscientes que sus intenciones acostumbraban a ir por otros caminos. Sabemos que Kubrick, antes de empezar un nuevo film, era capaz tanto de documentarse bibliográficamente como de visionar una cantidad importante de películas afines a la que él estaba germinando para tenerlas presentes. Si bien es (muy) evidente, a tenor de El resplandor, de la influencia estilística y narrativa de Alain Resnais/Alain Robbe-Grillet a propósito de ese enigma cinematográfico que deviene El año pasado en Marienbad (1961) tan del gusto del realizador norteamericano, del mismo modo, me resulta complicado sustraerme del inicio de Pesadilla diabólica con ese automóvil de los Rolf, atravesando paisajes para llegar a su destino, que en este caso es una mansión y que era un hotel fuera de temporada para los Torrance de Kubrick. Creo que, por poco que nos detengamos en el trayecto que se da en las dos películas para llegar a destino, notaremos que la conversación que mantienen ambas familias no está carente de tensión. Existen incluso algunos vagos indicios de… ¿locura? en sus comentarios y/o sus gestos. Unos apuntes de trastorno, en absoluto gratuitos ya que, una vez hospedados, con los personajes sucumbiendo a la voluntad del inmueble, nos certifican de donde pudo sacar Kubrick algunas ideas, para llevar a cabo su adaptación cinematográfica de la novela del prolífico escritor de Maine. Es más, esa aseveración cobra forma de modo vehemente, cuando vemos que en ambos films, dejando de lado el factor de (insana) atmósfera pareja, el uso que se hace de los retratos/fotografías/cuadros, cobra especial protagonismo para dar forma a esa presencia oculta, insidiosa, alimentada de figuras y rostros invisibles que poseen alguna finalidad más que la de decorar simplemente las paredes. Porque si algo destaca especialmente a Pesadilla diabólica como influencia capital de El resplandor, es la revelación final acerca de la desafortunada familia Rolf, convirtiéndose en nuevas incorporaciones de la galería de fotos familiares, correlacionándose con el (congelado) recuerdo de la muerte de Jack Torrance (Jack Nicholson), con su consiguiente emulsión (pretérita) para la decoración del salón de baile del hotel.
    Empero, dentro de esos paralelismos existen matices sustanciales que diferencian a un film del otro. Algún que otro ejemplo podríamos hallarlo en la figura del padre. La transformación que de él se lleva a cabo, en mi opinión es más acertada para la película de Dan Curtis. Es cierto que uno de los activos sobre los que reposa el film de Kubrick, es la interpretación de Jack Nicholson. Sin embargo, a mi modo de ver, el histrionismo (desbocado) del actor de El honor de los Prizzi (1985), le sirve a Kubrick para permitir (voluntaria o involuntariamente) que el personaje dirija (y desequilibre algunos momentos) su película. Por el contrario, en el caso del (normalmente) extraordinario Oliver Reed en la piel de Ben Rolf, sus transformaciones entre psicópata y buen padre, con interludios para la reflexión y el arrepentimiento, dan paso a toda una serie de matices ambiguos en el diseño de su personaje de los que adolece Torrance, el cual solo debe vehicularse en una dirección.
    Ahora bien, centrándonos en Pesadilla diabólica, es normal que una mansión victoriana irradie (intrínsecamente) sensaciones de energías malignas, para que sus habitantes sean tanto seducidos por ella como confrontados a sus miedos más recónditos. En Pesadilla diabólica los acontecimientos se van desarrollando paulatinamente. Sus (nuevos) moradores van siendo alienados de un modo tal, que sus actos van escondiendo a esa amenaza latente que anida en el lugar. Solo cuando ellos intentan rebelarse, las acciones de la casa se presencian físicamente (por ejemplo el intento de huida de Ben y su hijo durante la tormenta). Curtis con una puesta en escena que adolece de primeros planos a pesar de su currículo televisivo y que se encuentra a años luz de las representaciones que de tal escenario ha llevado a cabo James Wan para sus sagas de Expediente Warren y/o Insidious (excelente y brillante, respectivamente), va construyendo un escenario que se va tornando denso gradualmente en su utilización de diversos elementos fascinantes. En Pesadilla diabólica no hay lugar para escenas con grandes sustos. Esos momentos denominados de conmoción (pienso en la angustiosa escena de la piscina), están perfectamente calculados dentro del argumento. Curtis juega con el género, pasando por alto sus reglas y rompiendo algunas expectativas, confiando totalmente en la disposición del (discretamente asustado) espectador para seguir el desarrollo de la historia hacia un final no sorprendente pero si consecuente. Va proporcionando una explicación ordenada de la naturaleza sobrenatural del poder de la casa sobre los protagonistas, sin embargo oferta pistas vagas, engañosas que no conducen a nada o deslizando otros elementos (como la presencia del chófer) con la suficiente capacidad como para añadir misterio y/o otras incognoscibles presencias.
Personalmente, en el género de terror, siempre me ha fascinado más la capacidad de sugerir miedo que no las manifestaciones hemoglobínicas. Piezas de toque en esa época de ese modo cinematográfico (el horror como manifestación externa que va insiriendo en los personajes) son El resplandor y La semilla del diablo (1968). De igual forma que estas dos películas, Pesadilla diabólica introduce perfectamente en las convecciones genéricas de la casa embrujada, la disfunción existente en el seno de una familia, creando así una extraña sensación de tensión sobrenatural y psicológica. Tan solo conocer al matrimonio Rolf vemos que existe alguna cosa que no funciona entre ellos. Nunca se miran a los ojos. Por eso, una vez terminado el film, tenemos el convencimiento que esa casa, embrujada o no, no cambia el mal rollo que hay entre ellos. Estaba allí al principio y allí continuará (o no). La casa es un elemento que Curtis ha de utilizar para que el espectador descubra las grietas que hay entre ellos, abriéndolas y haciendo más visibles.•
 
Características en DVD: Contenidos: Menús interactivos / Acceso directo a escenas / Tráiler / Ficha Técnica y Artística. Formato: 1:85:1.  Idiomas:  Castellano e Inglés. Subtítulos: Castellano e Inglés.  Duración: 93 mn. Distribuidora: Resen. Fecha de lanzamiento: 22 de mayo de 2013. 

Próximo título a publicar (23 de octubre de 2020):   

ST. ELMO'S, PUNTO DE ENCUENTRO (1984)

(Homenaje a Joel Schumacher)

 


Histórico de «Films de culto del siglo XX»


 

ACT OF VIOLENCE  (1949, Fred Zinnemann)
     (1971, Richard C. Sarafian)
MÁS RÁPIDO QUE EL VIENTO (1958, Robert Parrish)