38 EDICIÓN FESTIVAL DE CINE DE TERROR DE MOLINS DE REI
Tengo que reconocer que desde hace muchos años he tenido una deuda con un certamen al que siempre he querido asistir, pero una u otra circunstancia ha relegado ese acceso pendiente. Unas veces por pereza (‘la mandra’ catalana), temas familiares o meteorológicas y, las más, por la proximidad con el poderoso Festival de Cinema de Sitges, el cual provoca un cansancio a todos los niveles, ha coartado de alguna manera ese deber como aficionado al cine y al ‘fantástico’, en particular, a visitarlo. Pues bien, las circunstancias y las cartas astrales se dieron para imbuirme ni que fuera por unos días en tan atípico y bien intencionado Festival. Digo lo de atípico puesto que está gestionado por un grupo de amigos, que se deben a un género (preferentemente, al terrorífico) con total entrega y empatía, con
En estreno
 
ESPECIAL FEDERICO FELLINI (PARTE II, 1965-1990)
Para la segunda y última entrega del dossier dedicado a Federico Fellini que publicamos en cinearchivo.net con motivo del cumplimiento del centenario del nacimiento del cineasta italiano damos cobertura al análisis de trece de sus largometrajes. Con ello completamos el análisis de la totalidad de los largometrajes dirigidos por Fellini a lo largo sesenta años, entre los que se cuentan (para esta segunda parte) obras de la significación de Fellini-Satyricon (1969), Amarcord (1974) e ... Y la nave va (1983). A modo de complemento asimismo publicamos una reseña crítica de la banda sonora de Il Casanova (1976) compuesta por uno de sus más fieles colaboradores, Nino Rota, fallecido prematuramente en 1979.
EN LA DESPEDIDA AL GRAN ACTOR BRIAN DENNEHY
Fallecido por causas naturales el pasado 15 de abril en su residencia New Port, en el estado de Connecticut, Brian Dennehy inició su actividad profesional en la pequeña y en la gran pantalla a punto de alcanzar la cuarentena. Desde entonces Brian Manion Dennehy se mostró muy prolífico, compaginando su participación en obras teatrales, con la intervención en tvmovies, (mini)series de televisión y en el cine. Para este último medio alcanzó una notable popularidad en calidad de secundario en films como Acorralado (1982), F/X efectos mortales (1986) o Best Seller (1987). A modo de homenaje, en cinearchivo.net dedicaremos en el margen de unos pocos meses un artículo sobre El vientre del arquitecto (1988), en la que Dennehy asumió el papel protagonista. Descanse en paz. -------------------------------------------------------------------------------- ⇒ Ver FICHA PERSONAL Y FILMOGRAFÍA DE BRIAN DENNEHY --------------------------------------------------------------------------------
52 EDICIÓN DEL FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE FANTÁSTICO DE SITGES'019
Lo primero que nos viene a la retira ante el estreno de un Festival de Cine con mayúsculas como el de Sitges es su presentación a la sociedad en forma de póster y reflejo a la vez de aquello que será homenajeado a simple vista. Normalmente, identifica a un título dentro de una efeméride elegida casi al azar. Este año era el turno de Mad Max, salvajes de autopista (1979).
GHOSTLAND (2018) (EDICIÓN COLECCIONISTA STEELBOOK)
Paulina y sus dos hijas adolescentes, Beth y Vera, heredan una casa de una de sus tías. La primera noche en su nuevo hogar, en pleno campo, sufren el ataque de dos intrusos. Los tres miembros femeninos deberán luchar sin fin para lograr salvar sus propias vidas. Dieciséis años después, Beth es una novelista de éxito, mientras que su hermana Vera, víctima de desequilibrios mentales, vive aún con su madre en aquella casa maldita. Cuando las tres vuelven a reunirse en ese lugar, una ola de acontecimientos infernales se desata de nuevo
JOKER (2019)
Tras la sorpresa causada por la obtención del León de Oro del Festival de Venecia de este año, 2019, la película de Todd Phillips ha llegado a las pantallas para que el espectador pueda por fin comprobar cómo un film adscrito, en principio, a un género tan codificado como el de los superhéroes (cabe recordar que el Joker es popularmente conocido como el máximo rival y supervillano de
STAR WARS: LOS ARCHIVOS (EPISODIOS IV - VI: 1977-1983)
En 1971 George Lucas recibió veinte mil dólares por dos años de trabajo en la cinta distópica THX1179 que escribió y dirigido. Siete años más tarde, el cineasta californiano se convirtió en uno de los Golden boy
FILMS DE CULTO DEL SIGLO XX (TOMA 118): «ATLANTIC CITY» (1980)


Han trancurrido cuatro décadas desde que se estrenara en los Estados Unidos Atlantic City (1980), la producción que inauguró el ciclo de largometrajes librados en la década de los ochenta dirigido por el francés Louis Malle alternando los Estados Unidos con su país natal para rodar. Aunque hoy en día pueda sorprender que una película que aspiró a las cinco candidaturas más relevantes de los Oscar®, esto es, Mejor Película, Mejor director (Louis Malle), Mejor Guión Original (John Guare), Mejor Actor Principal (Burt Lancaster) y Mejor Actriz Principal (Susan Sarandon) hasta la fecha no ha alcanzado el status de clásico contemporáneo, pero sí que se ha situado por derecho propio en el territorio de las cult movies.  En el cumplimiento del 40 aniversario del film en cinearchivo.net publicamos un artículo sobre Atlantic City USA, que significó para Lancaster una de sus postreras grandes interpretaciones en el el papel de un jugador presto a buscar nuevos estímulos al final de una vida de la que hace balance en compañía de una mujer mucho más joven. 
   
 
Por Lluís Nasarre

«Amigo, vives demasiado en el pasado».
Lou (Burt Lancaster) en Atlantic City USA
 
Entre dos aguas
 
Admirable es en Atlantic City (1980) el (inestable) equilibrio que se establece entre mirada lúcida y mirada desilusionada en el momento de radiografiar pulsiones emocionales. Y ello es admirable porque, en Atlantic City, un film de distancias encontradas, no solo es el presente y/o el futuro los que no tienen recorrido; ni tan siquiera el pasado, logrará convertirse en un punto de referencia real para los personajes y el escenario. Y aunque todo lo referido nos suene a melodrama, considero que Atlantic City no comulga en ese género. Durante la década de los setenta existían dictados de nuevos aires para las películas que se realizaban en Hollywood. Entre otros, Martin Scorsese, Francis Ford Coppola y Michael Cimino se iban constituyendo como autores de esas primigenias inquietudes con algunos films amalgamados entre la nostalgia (de sus referentes personales) y la postmodernidad y cuyo discurso, por lo general constituido en primera persona, narraba lo que realmente acontecía en aquellos momentos socialmente en su país. Crematísticamente, no fueron pocos los productores, que se beneficiaron en taquilla de esa corriente de directores con voluntad de decir alguna cosa (nueva) y que a su vez, bebían de unas referencias que anidaban en el viejo continente. Por eso, apercibidos de ello, asimismo optaron por apostar por esas referencias a las que los nuevos realizadores estaban dando crédito/eco en sus películas. De ese modo, irían llegando a las costas de los Estados Unidos directores foráneos como Ridley Scott, Milos Forman o Roman Polanski. Directores que habían iniciado su andadura (con cierto éxito) en sus países de origen y que con la llamada de los ejecutivos de las grandes productoras americanas empezaron a oír unos cantos de sirena que podían reportar positivamente para sus respectivas carreras. 
    Uno de ellos fue Louis Malle. Realizador francés que, como los citados, ya albergaba en sus alforjas un puñado de títulos referenciales de la cinematografía gala y que a raíz del reproche patrio (crítica más público) sobre Lacombe Lucien (1974), al no tomar partido contra la ocupación nazi y el colaboracionismo en su voluntad de mostrar complejidades y opacidades de aquel momento histórico, decide surcar el Atlántico.  No sería hasta 1978 que acometiera un producto totalmente americano: La pequeña, audaz a la vez que exótica propuesta, cuyo guión, de una estructura poco convencional, lo convierten en un ejercicio ciertamente cautivador en su voluntad artística de utilizar un ritmo europeo (más pausado, énfasis en los matices…) a pesar de tratarse de una película de identidad norteamericana. Y tras los burdeles de New Orleans, llegaba el turno de Atlantic City previo peaje de dejar por el camino algunos proyectos abortados.
 
Leaving Atlantic City
 
Para el film, que toma como génesis la novela de Laird Koenig The Neighbor, Malle recurre al dramaturgo John Guare para su adaptación. Labor que el autor de Seis grados de separación (1) acepta proponiendo que la acción se traslade a Atlantic City. Una sugerencia que subyugará al cineasta de Ascensor para el cadalso (1958). De igual modo que en el caso de New Orleans en La pequeña (1978), Atlantic City toma como marco escénico una ciudad estadounidense, la cual, se encuentra en un periodo de profundos cambios, tras ser considerada en su momento (los dos primeros tercios del siglo XX) como la homóloga de Las Vegas en la costa atlántica a pasar ser sacudidaposteriormentepor una profunda crisis en el momento en el que se autorizó el juego a finales de la década de los setenta. El film arranca con la demolición de edificios identitarios de una época (pasada) gloriosa para dar paso a otro tipo de urbe diferente. Louis Malle, afín a ese estilo documental presente en muchos de sus films, para su nueva película utilizará los edificios y las calles del lugar, como escenarios naturales. Del mismo modo que Scorsese con Nueva York, el realizador imprime a su cámara una mirada que aúna tanto amor como intransigencia. Un efecto (realista) que, se enriquece dejando de lado (en cierto modo) la banda sonora que Michel Legrand compuso para el film, reposando sus imágenes en el paisaje sonoro de una ciudad que ha de contemplar en primer plano ruidos de motores y multitudes de gente alzando la vista sobre (desahuciados) edificios en ciernes de destrucción. Una suerte de ruina escénica que invade al espectador merced al sombrío retrato de una ciudad poblada por una fauna de outsiders cuyos sueños parecen haber naufragado en las costas que se orillan en la ciudad. Significativo de ello es el tránsito de Lou (Burt Lancaster) recaudando apuestas en barrios desmantelados en unas chozas urbanizadas en un entramado donde la seguridad ciudadana deviene quimera. Louis Malle oferta una ciudad alojada en el caos con unos ciudadanos, cuya gran mayoría, todavía anhelan vislumbrar Esperanza. En el edificio (a derribar) donde viven los dos protagonistas Lou y Sally (Susan Sarandon) reza un cartel que anuncia futuro para Atlantic City. Un mensaje que simboliza una promesa, una razón para creer: un pretexto para soñar. Y entre esos soñadores, Louis Malle nos presenta a sus dos protagonistas.
Lou se autodefine a sí mismo como “un gángster”. Sin embargo en el Atlantic City de la película de Malle, Lou ya es un gángster…viejo. (Sobre) vive merced a “sus servicios” a la irritable Grace (Kate Reid), viuda de un gángster (de los de verdad). Entre Grace y sus trapicheos como corredor de apuestas, Lou se dedica también a observar (clandestinamente) a su vecina Sally, una mujer en busca de una segunda oportunidad que trabaja como pescadera en un restaurante a fin de poder costearse, además, su formación como croupier para desempeñarse como tal en algún casino de la Costa Azul francesa. Un sueño. Un objetivo que le ha llevado a alejarse de un ex marido, el cual le fue infiel con la propia hermana de Sally. Una pareja que ha de aparecer por Atlantic City también, para colocar un paquete de cocaína. Una transacción peligrosa que ha de resultar el cruce de destinos / catalizador de Lou y Sally, vecinos y (perfectos) desconocidos, ofreciéndoles a ambos, por intercesión de unas caóticas circunstancias, ese anhelo de futuro que ambos suspiran. Para ello, el ex marido de Sally será asesinado por los traficantes a quienes ha robado la droga y Lou, azar mediante, se encontrará con los bolsillos llenos de dinero. Un dinero que ofrece a Sally, de la cual está enamorado. A partir de este punto, donde el dinero (venga de donde venga) materializa sueños, Lou empezará a revivir su pasado glorioso de cuarenta años atrás como outlaw. En el teatro de la vida, si hasta ese momento Lou se ha escondido entre bastidores, ahora con dinero y nostalgia a espuertas, Lou hallará (por fin) un proceder honorable que le permitirá resucitar andanzas y sensaciones pretéritas: deberías haber visto el océano Atlántico en aquellos días. Para Lou el pasado fue la mejor época de su vida. La más prospera y estimulante. Tanto que, incluso el mar era más hermoso.
    Empero, Sally representa para Malle una de las vertientes de ese concepto denominado sueño americano. Personaje anónimo, con “obligación” vital de dejar atrás el pasado y materializar sus sueños…o al menos, intentarlo. Un propósito que en manos de Malle y Guare, sin desprender percepción de pesimismo, no deja de transmitir un semblante de ironía. Antes de llegar a Atlantic City, Sally ha cerrado una puerta tras de sí, que alberga mentiras y abandono. En cierta manera se avergüenza. Como se avergüenza de su situación actual al observarla, igual que Lou, mientras Malle, en un ejercicio de sensualidad cinematográfica extraordinario, nos la muestra desvistiéndose y frotando sus brazos, cuellos y pecho con limones cortados. Cuando Lou le pregunta acerca de ello, Sally le argumenta que es para eliminar el olor a pescado que hay en su cuerpo. No obstante, no podemos darnos a engaños de forma. Es obvio que para Malle la escena, alegoriza sobre la necesidad de deshacerse de los estigmas que anidan en su vida pasada (y presente).
 
No habrá más penas ni olvido
 
Y con todo eso en juego, aparece la mano firme de Malle tras la cámara. Firme porque va a desarrollarlo en un clímax tenso. Es totalmente consciente de que en su trama no juega con gángsters que impulsen el plot. Atlantic City USA es otra cosa. Es más un estudio de una relación (algo) inusual (¿perversa?) entre dos personajes complejos y no siempre comprensivos. Lou se regocija (amoralmente) cuando ha llevado a término alguna acción criminal (por muy necesaria que se nos antoje) y Sally, nos mostrará un cierto grado de manipulación al servirse de un hombre mayor, enamorado de ella, para conseguir lo que ambiciona, que a la postre, sabemos que es desgarrador y por ende, limitado, ya que, cuando la dura realidad de su situación se entrecruza con la historia de los demás, Sally deberá enfrentarse a la cara oculta de su sueño, certificándole con ello a Lou, que en ese momento ya no puede protegerla.
    Louis Malle despliega todo esto y se implica, disfruta y obtiene unos excelentes resultados a nivel dramático a los que no son ajenos el trabajo de sus intérpretes. Susan Sarandon es una cautivadora mezcla de inocencia y dureza y Burt Lancaster (en un papel pensado inicialmente para Robert Mitchum) aporta todo su carisma y dignidad a un papel que, en muchos sentidos, es una nueva vuelta de tuerca de aquellos personajes noir condenados, que interpretó en décadas anteriores. Como es habitual en la filmografía de Louis Malle, el realizador francés no se muestra cohibido cuando toca explorar las áreas más oscuras de la pasión y de la sexualidad humana, pero a diferencia de otros films –Herida (1992)- ese aspecto no ha de constituirse en el epicentro de Atlantic City. Esta vez tiene otras inquietudes —lealtad, traición, (con) vivir con la realidad/frustración de una vida que no aporta nada…— que ha de simbolizar en su retrato de una ciudad fría y gris, azotada por el viento, y muy alejada conceptualmente de su homóloga Las Vegas, aunque en ambas, habite la misma desesperación en muchos de sus moradores.
    Es cierto que Atlantic City no desprende la energía cinética del Scorsese de Malas calles (1973) o la épica relevancia que Sergio Leone confirió magistralmente a Érase una vez en América (1984), sin embargo, bajo mi punto de vista, amparada bajo los logros de El fuego fatuo (1963), Lacombe Lucien y Adiós, muchachos (1987), Atlantic City se significa tanto como uno de los mejores films de su autor como uno de los mejores retratos cinematográficos en su tratamiento (realista) sobre la mitología gansteril, tan importante (y referencial) para la cultura cinematográfica estadounidense. Y esto último se debe seguramente a la interpretación de Burt Lancaster como perfecta ejecución de un personaje clásico de Hollywood. Un Lancaster que, todo hay que decirlo, en el crepúsculo de una extraordinaria carrera, se atrevió a afrontar el desafío de una tipología de papeles ofrecidos por directores europeos, que habrían de quedar grabados a fuego en el alma del espectador cinematográfico, cuando de retornar al castillo de Donnafugata se trataba.•            
 
 
 

(1)  Una mordaz obra que Fred Schepisi traslado al celuloide en 1993 y que merecería más atención de la que tiene.
 

Próximo título a publicar (16 de abril de 2020):   

F/X EFECTOS MORTALES (1987)

(Homenaje a Brian Dennehy)

 


Histórico de «Films de culto del siglo XX»


 

ACT OF VIOLENCE  (1949, Fred Zinnemann)
     (1971, Richard C. Sarafian)
MÁS RÁPIDO QUE EL VIENTO (1958, Robert Parrish)