III EDICIÓN BCN FILM FESTIVAL 2019
Entre los días 23 y 30 de abril de 2019 se celebró en la Ciudad Condal la III edición del BCN Film Festival con el propósito de consolidar una oferta cultural en el marco de la festividad de Sant Jordi, patrón de Catalunya. Con la nueva dirección a cargo de Conxita Casanovas el certámen barcelonés ha potenciado las sección a competición y ha querido premiar
En estreno
 
ESPECIAL MIKE LEIGH (PARTE II, 2001-2018)
Segunda y última parte del dossier que dedicamos a Mike Leigh en cinearchivo.net. Comprende el análisis de los seis largometrajes que ha rodado a lo largo de lo que llevamos de siglo XXI, concentrándose en este periodo algunos de sus mejores films, caso de Mr. Turner (2014) y Peterloo (2018), presentada en sociedad en el marco del III BCN Film Festival celebrada la pasada primavera en la Ciudad Condal. Además de
EN LA MUERTE DEL CINEASTA FRANCO ZEFFIRELLI
A los noventa y seis falleció el pasado 15 de junio el cineasta Franco Zeffirelli (1923-2019), en la capital italiana. Adscrito indistintamente al teatro, la ópera y el cine, con alguna que otra incursión en la pequeña pantalla, Zeffirelli llevaba tiempo retirado de la práctica profesional que le había tenido ocupado por espacio de seis décadas. En cinearchivo.net, a modo de homenaje a Zeffirelli publicaremos, dentro del apartado Clásicos de nuestro tiempo del mes de agosto un artículo sobre una de sus
51 EDICIÓN FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE FANTÁSTICO DE SITGES
El peligro que conlleva seleccionar dentro de una parrilla de cintas en cualquier certamen que incluya una competencia entre las películas presentadas, resulta ya de por sí harto difícil. Si a ello, añadimos las restricciones propias de la abultada programación y demanda de entradas, nos vemos en la obligación de escoger entre el grano y la paja, aún sabiendo que en muchos
LA SOCIEDAD LITERARIA Y EL PASTEL DE PIEL DE MANZANA (2018)
Mientras la ciudad de Londres empieza a recuperarse tras la Segunda Guerra Mundial, la joven escritora Juliet Ashton busca el argumento para su próximo libro. Un día recibe una carta de un desconocido en la que le presenta a un curioso club de lectura: La Sociedad Literaria y del Pastel de Piel de Patata de Guernsey. Intrigada por estos excéntricos personajes, Juliet decide viajar a esta pequeña isla, sin saber que encontrará mucho más que una gran historia.
LA BANDA SONORA DEL MES: «FIRST MAN (EL PRIMER HOMBRE)» (2018)
Había una gran expectación ante el nuevo proyecto de Danielle Chazelle tras sus dos reconocidos films vinculados (de modo diferente) al mundo de la música, Whiplash (2014) y La La Land (2016), saldados con un gran rendimiento en taquilla además del éxito artístico significado en los tres Oscar® obtenidos por la primera y los seis de la segunda. En este sentido, la pareja artística formada con el compositor Justin
EL LIBRO DEL MES: «JOHN WILLIAMS: SINFONÍAS DE UN NUEVO MUNDO»
Hablar de John Williams es hacerlo no solo de un icono de la música cinematográfica, sino de la música en general. Nacido en Long Island en 1932, estudió composición y piano en la Universidad de California y completó sus estudios musicales en la Escuela Juillard de Nueva York. En sus inicios
CLÁSICOS DE NUESTRO TIEMPO (TOMA 137): «TOMMY» (1975)

                           
                                                                    

En la pasada primavera llegaba a las carteleras de manera puntual Tommy (1975), coincidiendo con el cumplimiento del cincuenta aniversario de la publicación del doble álbum homónimo de The Who que sirvió de base para esta producción cinematográfica orquestada por Ken Russell. Una presencia en salas comerciales que ha servido de pórtico de entrada para la edición en Bluray y DVD de Tommy a cargo del sello A Contracorriente. A propósito de la misma en cinearchivo.net publicamos un artículo dedicado a esta ópera-rock cinematográfica que contó con la participación, al frente de su reparto, del cantante y cocompositor de The Who, Roger Daltrey, mientras que los otros miembros de la legendaria banda británica quedaron relegados a papeles secundarios o meramente testimoniales. Este último sería el caso de Pete Townshend, el alma mater de un disco conceptual que contribuyó a cambiar el rumbo de la Historia del rock.
  
Por Víctor Manuel Rivero 

«The Beatles are Bigger than Jesus», proclamaba John Lennon en 1966, desde la cresta de la ola. Más populares que Jesús. Más que en ninguna otra época de la Historia, la década de los sesenta significó el dominio sociocultural de la música y, más en concreto, de las estrellas del pop, erigidas en los nuevos dioses paganos a los que adorar. El culto religioso se trasladaba en muchedumbre a los estados y locales de conciertos, entre celebraciones comunales desbordadas por la pasión y la histeria. No es casual que hasta la religión oficial invirtiese el camino y tratase de modernizar su credo al gusto de las nuevas generaciones: Jesus Christ Superstar Roger Daltrey y Ken Russell durante un descanso del rodaje de "Tommy" (1975).nace como álbum conceptual en 1970, pocos meses después salta como ópera rock a las tablas de Broadway y en 1973 propaga su mensaje desde el cine, de la mano de Norman Jewison, con Cristo remozado en el ídolo juvenil, atractivo y melódico, que demanda el signo de los tiempos. Y es que, si las estrellas del pop y el rock se arrogaban el estatus de deidades y profetas, había de ser entonces el fotograma el material donde se escribieran sus evangelios y se predicase su palabra, puesto que era éste el medio de comunicación de masas por excelencia, a pesar del empuje creciente de la televisión en el ámbito doméstico. El cine es el lugar donde vive la épica, poseedor de una capacidad de convocatoria y de trascendencia todavía fuera del alcance de la pequeña pantalla. La herramienta, el altavoz y la caja registradora ideal, por tanto, para bañar en multitudes al inspirador y rentable mesías y su séquito de apóstoles. Ahí queda el ejemplo de auténticas biblias generacionales como el macrodocumental Woodstock, tres días de paz y música (1969). En consecuencia, durante estas décadas las principales estrellas de la música intentarán hallar acomodo a su sensibilidad en esta plataforma definitiva, con la ventaja favorecedora para sus intereses de que, obviamente, ellos también suponían un reclamo de primer orden para la taquilla. En este contexto británico, dejando al margen los largometrajes a mayor gloria de los Beatles ¡Qué noche la de aquel día! (1964), ¡Socorro! (1965), Yellow Submarine (1968), algunos de sus miembros iniciarán una fugaz trayectoria en el cine, como John Lennon Cómo gané la guerra (1967) y, con mayor dedicación, Ringo Starr Candy (1968), Si quieres ser millonario no malgastes el tiempo trabajando (1969), 200 Motels (1971), en la que interpreta a un trasunto de Frank Zappa precisamente bajo las órdenes de éste como director; Blindman (1971), Ese será el día (1973) o Lisztomanía (1975), como la presente, también de Ken Russell. En contestación a su tradicional rivalidad, los Rolling Stones se dejaban caer por la Nouvelle Vague auspiciados por Jean-Luc Godard el documental Sympathy For The Devil (One Plus One) (1968) y su frontman, Mick Jagger, se adentraba en el universo del celuloide mediante producciones como Ned Kelly (1970) o Performance (1970), donde el arte del músico quedaba equiparado al arte del asesino a sueldo envueltos ambos en un fragor lisérgico. Por su lado, Keith Richards apenas regalaría un cameo en el drama histórico El rebelde (1969). Por supuesto, al otro lado del Atlántico, sus propios astros ensayaban incursiones desde los flancos independientes de la industria, caso de Bob Dylan y su etéreo personaje en la descomunal Pat Garrett y Billy el Niño (1973), de Sam Peckinpah, en la cual plasmaría su archiconocida Knockin’ on Heaven’s Door. Pero eso ya es otra historia.
 
Ha nacido una «estrella»
 
En 1969, Pete Townshend, guitarrista neurótico, talentoso e inteligente, había compuesto Tommy, una ópera rock que se materializaría como el cuarto álbum de The Who, una de las últimas bandas británicas en recoger y conservar el espíritu pop de los años precedentes, ya cuando sus antecesoras procedían a tender hacia registros más serios y respetables. Un sendero que, precisamente, The Who comenzará también a transitar a partir de las angustias vitales, sociales y culturales que centran el "argumento" de Tommy. A través de las desventuras de un joven ciego, sordo y mudo que por azares del destino se alza como el líder espiritual de una nueva religión, recogidas en las catorce canciones y setenta y cinco minutos de este doble LP, Townshend vertía en poemas sus inquietudes personales, generacionales y artísticas con el cierto tamiz de las enseñanzas que le transmitía su mentor de origen hindú, Meher Baba, y que abundaban en valores y conceptos abstractos y ecuménicos como el amor y la compasión, muy al gusto de este periodo marcado por la influencia hippie y que muy pronto decaería en un mal viaje de decepción y muerte. En cualquier caso, muestra de esa conexión con las apetencias del público soberano, la carrera comercial de Tommy (1975) sería bendecida con el triunfo: el disco llegará al número 2 de la lista de éxitos en Reino Unido y al número 4 en Norteamérica. Los números avalarían una igualmente triunfal gira alrededor del mundo. Después, el melodrama desgarrado de Tommy captaría la atención de los teatros londinenses a comienzos de la década de los setenta. El foco perfecto para que el cineasta Ken Russell, amante de la música clásica y por esos años epítome de la modernidad provocadora en el cine, apostara por Tommy como material de base para rodar una ópera rock en su llamativo celuloide, persuadido asimismo para ello por Robert Stigwood, promotor del grupo y productor ocasional de cine, debutante en este campo precisamente con Jesucristo Superstar (1973). Si bien el alma de Tommy le pertenecía a Townshend, su cuerpo recaerá en pantalla en el cantante de la formación, Roger Daltrey, menos intenso intelectualmente pero un auténtico animal del directo. Será su irrupción inaugural en el séptimo arte, un horizonte por descubrir que le atraerá con fuerza en adelante: ese mismo 1975, justo tras el estreno de Tommy, reincidirá en sus colaboraciones con Russell con Lisztomanía (1975), donde realizador y actor darán rienda suelta a su desenfreno visual e histriónico, respectivamente. Tommy, la película, tampoco se aleja de estos parámetros de incontención marca de la casa. No olvidemos que para Russell las premisas de corrección política e incluso de buen gusto le eran por completo ajenas, mientras que, en lo que a ellos respecta, y aunque luego quedarían más "institucionalizados" en palabras del crítico musical Nik Cohn, The Who solían hacer gala en sus inicios de una puesta en escena fundamentada en el aplastamiento mediante los decibelios, las peleas sobre el escenario y el uso de los instrumentos casi a modo de armas de destrucción.
   Vaya por delante que en las óperas rock cinematográficas y en el género musical por extensión, la adscripción o no del espectador hacia el sonido del grupo determina en gran medida la sintonía que éste desarrollará hacia la cinta en cuestión. Porque Tommy son ciento once minutos ininterrumpidos de música de The Who, sin diálogo alguno fuera de las creaciones de Townshend con variaciones ad hoc, como se evidencia en la letra de The Amazing Journey, el cambio de la Primera Guerra Mundial por la Segunda o, con difícil credibilidad, la identidad del hombre asesinado que desencadena la catatonia del protagonista, que aquí será el padre. O porque, si así lo prefieren, Tommy es, lisa y llanamente, un videoclip megalómano. No obstante, Tommy no deja de ser en esencia una película de estructura análoga a la de los biopic musicales que Russell había facturado en ese periodo La pasión de vivir (1971) acerca de Piotr Chaikovski, Mahler, una sombra en el pasado (1974), sobre Gustav Mahler, el inminente Listzomanía (1975) sobre Franz Liszt, y donde las partituras de estos compositores ejercían de fuente de inspiración e intermediario ineludible de la concepción dramática y la escritura visual de unos filmes que buceaban en las raíces biográficas y emocionales de la vida y arte de cada autor y, por ende, en las razones que construyen esa inmortalidad alegórica que la historia reserva para los genios en el último ejemplo, eso sí, todo ello queda mucho más disuelto en un inenarrable delirio anárquico. Una mirada pretendidamente operística, en resumen, que a causa del tradicional desenfreno del cineasta inglés terminaba por no ser tanto una sucesión de arias arrebatadas como, más bien, un vulgar cabaret de variedades. Tommy no será demasiado distinta en este sentido. Al igual que ellas, Tommy presenta una semblanza fílmica a propósito de un individuo excepcional que, gracias a ello, será objeto de una idéntica adoración y rechazo a la que, a lo largo del metraje, padecerán otros iconos pop como Marilyn Monroe, transformada en madonna sanadora y con Eric Clapton como ministro de su fe. Otras obras coetáneas como Privilegio (1967) habían expuesto ya de manera cáustica y frontal, por mucho que dijeran ambientarse en un futuro cercano, esta veneración extática, ciega e irracional de la estrella la cual en este caso, en conexión con el primer párrafo, era un torturado solista de pop, becerro de oro del desorientado siglo XX. Esta reflexión típica del periodo de deificación del héroe popular se entreteje en el discurso de Tommy con otras ramificaciones críticas ancladas en ese cambio de décadas como la antes citada efervescencia de lo hippie, la licuación de los valores morales tradicionales o el incipiente consumismo derivado de la televisión, el cual sirve una de las escenas más recordadas del filme Ann-Margret rebozada en los chorros de detergente, alubias de lata y chocolate que escupe la pantalla rota del televisor que, además, constituía una pequeña venganza privada de Russell, firmante de anuncios para dichos productos en los albores de su carrera. La preocupación por el consumismo era compartida por Townshend: el vinilo The Who Sell Out, publicado en 1967, arrojaba contra el comprador una carátula diseñada a imitación de un cartel de judías y en su interior se descubrían abundantes jingles publicitarios satíricos. Sea como fuere, estas fijaciones ancladas en el tiempo no guardan menos responsabilidad que el estilo "moderno" del cineasta tan ajado visto desde hoy, en la tarea de sumarle lustros de envejecimiento a esta película de culto –qué apropiada luce esta etiqueta a tenor de lo ya hablado-. El asunto es que, acorde a su temática, el proyecto había logrado agenciarse importantes avances técnicos en el apartado de sonido el sonido ‘quintafónico’ una versión primigenia del Dolby 5.1, amén de concitar en el elenco a un ramillete de interesantísimos nombres, desde actores como la sex symbol Ann-Margret en el papel de madre, Oliver Reed como su amante y asesino del padre de Tommy, Robert Powell, o Jack Nicholson; hasta personalidades de la música como Eric Clapton, Elton John, Tina Turner y otro componente de The Who, Keith Moon, para dar vida a un familiar alcohólico y abusador de niños: una piedra más en la dura existencia de este pobre muchacho al que todo le viene mal dado, herencia psicosomática de la infeliz infancia de Townshend, quien debido a los perpetuos conflictos familiares de sus padres hubo de marcharse a vivir con su abuela, una mujer especialmente prolífica en amoríos. Solo el grotesco sentido del humor de la cinta hace tolerable semejante tremendismo desbocado, cometido al que aporta un notable estímulo la ironía gestual de Reed, incapaz de cantar para desesperación de Townshend pero encantado de disfrazarse y agarrarse melopeas con su amigo Russell cosa que repetiría frecuentemente a lo largo de la filmografía de éste, sea como cabeza de cartel, sea en ínfimos cameos. Un empacho de dolores existenciales que, merced a un viaje a través espejo metafórico y literal, conducen al renacer incompleto del desdichado Tommy como tótem del pueblo, falaz paraíso cuya imprescindible demolición le permitirá redimirse y encontrarse definitivamente consigo mismo, cerrando así el esquema circular, desde el crepúsculo hasta el amanecer, de una epopeya psicodélica que germinaba de un romance edénico roto por la guerra de los hombres. El conjunto deja tras de sí rastros de fatiga, en especial provocados por la pobre articulación que se le confiere a los pasajes, en exceso dependientes de las canciones seminales y damnificadas por el abotargamiento estético -paroxístico hasta bordear una involuntaria parodia- y la despreocupación de sus artífices por la coherencia narrativa que precisa todo filme. Así las cosas, los dilemas y desvelos filosóficos de Tommy surgen como una sucesión de traumas íntimos e ideas vagas que probablemente estén planteados con más tino en posteriores óperas rock como The Wall, de Pink Floyd, llevada asimismo al cine en 1982 por otro cineasta melómano, Alan Parker, con la inestimable ayuda de los segmentos de animación de Gerald Scarfe, quizás su mejor garantía para sobrevivir al inclemente paso del tiempo.
Respecto a la acogida del filme, al igual que el álbum seminal, Tommy supo pulsar la tecla correcta y contactar con el sentir del momento. Tan solo en los Estados Unidos recaudaría tres veces el coste de producción, lo que le valdría para encumbrarse como el mayor éxito comercial de la carrera de Russell. Las nominaciones al Oscar® para Townshend en la categoría de banda sonora y de Ann-Margret en la de actriz secundaria corroborarían el gancho de la obra, recibida por el contrario con opiniones dispares entre la crítica. Sin embargo, señala el escritor Francisco J. Satué en ¡Más madera! Una historia del rock, de este éxito parte la paradoja de que, a continuación del lanzamiento de Tommy, The Who entrarían en una “fase terminal”, prolongación de “años de disquisiciones y problemas económicos”, que culminaría con la separación de la banda. Con todo, antes del correspondiente rótulo de «The End», verá la luz un documental en honor del grupo, The Kids Are Alright (1979) y una segunda ópera rock manada de su discografía, Quadrophenia (1979).•
 
 
Características en BD y DVD: Contenidos: Menús interactivos / Acceso directo a escenas / Tráiler / Audiocomentario de los directoes / Tráiler / Entrevistas a Ann-Margret, Roger Daltrey, Ken Russell y Pete Townshend / Historia del sonido.  Formato: 1:85:1.  Idiomas:  Inglés y Castellano. Subtítulos: Castellano. Duración: 108 mn. Distribuidora: A Contracorriente Films. Fecha de lanzamiento: 28 de mayo de 2019.
EXTRAS: ENTREVISTAS. Ann-Margret (9’53”). Según relata la actriz de origen sueco grabó las partes en las que canta en los estudios de Peter Townshend a lo largo de una sesión maratoniana de once horas antes de que se diera inicio el rodaje (mayo de 1974). Explica con detalle lo ocurrido con la secuencia en que sufre un ataque de nervios mientras se sitúa frente a una pantalla de televisión. Tuvo que ser hospitalizada a causa presumiblemente de un golpe sufrido con una cámara que filmaba una escena estrafalaria. Roger Daltrey (19’10”): Haciendo gala de su sentido del humor el vocalista de The Who expresa la dificultad de superar la primera semana de rodaje del film sin haber tenido formación como actor hasta entonces. Entre sus impresiones sobre el rodaje, ensalza la labor de Ann-Margret y siente que Ken Russell era la elección idónea para dirigir la función. En cambio, las críticas provienen del hecho que Robert Stigwood maniobrara durante la producción, recriminándole con cierta carga de ironía que alguien que vive en un yate pueda cumplir con los pagos acordados. Ken Russell (20’15”): con un amplio background por lo que compete a la relación entre la música y las imágenes a través de la producción de diversos documentales consagrados a compositores (Frederick Delius, Richard Strauss, Bélá Bartók, etc), ante el ofrecimiento de dirigir una versión cinematográfica del doble álbum conceptual The Who mantuvo ciertas reticencias dado que el pop-rock no formaba parte de sus preferencias. Pero después de escuchar una versión instrumental aceptó el reto, y reservó tres meses para llevar a cabo la grabación de la música y de determinados efectos de sonido antes de iniciar el rodaje. Russell resalta la aportación de Paul Duffrey (un destacado representante del pop art de la época), quien en colaboración con la esposa del primero, Shirley, se encargó del diseño de producción de Tommy. Pete Townshend (58’52”): sin duda, la pieza más interesante del conjunto de entrevistas registradas en 2004 y que aparecen como material extra de la edición de Tommy. En algo menos de una hora el alma mater de The Who, a instancias del biógrafo de la banda británica, se sincera cuando explica las verdaderas motivaciones de la creación de Tommy, de profundo carácter autobiográfico, pasa revista a diversos aspectos de la producción de la versión cinematográfica (entre otras, sus reservas iniciales de que Jack Nicholson supiera cantar o su idea inicial para que Stevie Wonder hiciera de Pinball Wizard), hace gala de su magisterio en el conocimiento de las técnicas de sonido que se experimentaban por aquel entonces (se usó el sonido quintafónico, luego de haber evaluado los resultados del cuadrafónico con Quadrophenia) y se extiende en cuestiones tales como las modificaciones que llevaría a puerto sobre el texto seminal en la realidad del siglo XXI.
Historia del sonido (17’05”): Ray Merrin, Terry Rawling y Robin O’Donoghue se reparten el protagonismo en esta pieza que razona sobre diversos aspectos que competen a la parte de las técnicas de reproducción del sonido aún en la era analógica, pero con cambios que se vislumbraban en un horizonte relativamente cercano. Tráiler (3’15”).

Histórico de Clásicos de Nuestro tiempo


 

   (1969, Dennis Hopper)